FRANK LLOYD WRIGHT
Nacido el 8 de junio...
TEXTO DE BRUCE BROOKS (fragmento)
Wright afirmaba que fue su madre la que determinó su futura profesión. Mientras estaba embarazada de él, estaba convencida de que sería niño y de que se convertiría en un gran arquitecto. Durante su niñez le afirmó en esta convicción: le rodeó de belleza natural y cuando descubrió los juguetes educativos del Kindergarten de Friedrich Froebel, los compró para su hijo; éste se dio a ellos con pasión.
Cuando la madre se dio cuenta de que el dibujo y el diseño amenazaban en convertirse en los únicos intereses de su hijo, consideró necesario introducir un elemento compensador en su educación. Tras consultar a su hermano, el granjero James Lloyd Jones, que vivía en el cercano valle de sus antecesores, decidió enviarle a su hijo para que trabajara allí en los meses de verano.
Gran parte de la autobiografía de Wright está dedicada —cuando trata de sus primeros años— a su formación, no en la escuela, sino en el trabajo de la granja. Esas experiencias infantiles se convertirían en valores y recuerdos firmemente enraizados. Eran tan fuertes, y a veces tan desgarradores y duros que, haciendo memoria 54 años más tarde, los consideraba como los años de su vida que más le habían formado.
Apenas pasada la época de la granja y los años de la niñez, se inscribió como estudiante externo en la Escuela de Ingenieros de la Universidad de Wisconsin pero, insatisfecho, marchó poco después a Chicago, para seguir su vocación de arquitecto. Sin embargo, antes de abandonar Madison, Wisconsin, fue testigo del hundimiento del ala norte del venerable edificio del State Capitol, que se hallaba en construcción. El constructor consideró justificable rellenar los espacios interiores de los nuevos pilares con fragmentos de ladrillos y piedras, pero la carga suplementaria resultó ser demasiado pesada.
Una tarde de verano, los pilares cedieron y el edificio se vino abajo. Los trabajadores que quedaron atrapados en el edificio murieron bajo el peso de los techos. Durante toda la tarde y la noche, los equipos de salvamento sacaron de las ruinas a heridos, agonizantes y muertos. Allí pasó todo el tiempo el joven Frank Lloyd Wright. «El joven estuvo inmóvil durante horas, agarrado a la valla de hierro que rodeaba el parque, demasiado afectado para irse. El horror de esta escena nunca llegaría a desaparecer de su mente, y sigue conmoviéndole hoy en día», escribiría más tarde.
Este texto es un fragmento de la Introducción al libro Wright, de Bruce Brooks Pfeiffer publicado por la editorial Taschen.
Información seleccionada y editada por Fredy Ovando Grajales para el blog Biblioteca de Arquitecto(s).
