
OSCAR NIEMEYERSilas Martí
"MI CAMINO ES EL DE LA LIBERTAD DE CREACIÓN"
Oscar Niemeyer
No le gusta decir su edad ni comentar que ha vivido más de un siglo. Pocas semanas antes de cumplir 103 años, Oscar Niemeyer es uno de los arquitectos vivos más importantes en el mundo y sigue trabajando de domingo a domingo en su oficina en Río. Llega a las nueve de la mañana al edificio donde hace sus dibujos en el barrio de Copacabana y deja el trabajo a las ocho de la tarde.
En una entrevista reciente hizo un chiste con sus años de vida. "Tengo sesenta años, cien es demasiado", dijo. También parece bastante modesto. "No me gusta decir mi edad, es aburrido. No tengo problemas de salud. las cosas siguen andando. Estoy completando mi pasaje. Cada uno de nosotros escribe una historia y yo tengo una página, pero sin nada de especial. Si pensara en esa edad, perdería la esperanza". Pero más que esperanza, tiene bastante energía. Diseña ahora un teatro en la ciudad argentina de Rosario; una plaza en Recife, en Brasil; una nueva torre de televisión en Brasilia, la capital que construyó con Lucio Costa y que cumplió cincuenta años en abril de este año; una biblioteca en la capital de Argelia, y un centro cultural en Avilés, en Asturias, su primer proyecto español.
Hace veintiún años, Niemeyer ganó el premio Príncipe de Asturias. En 2006, presentó a los reyes españoles un proyecto para el centro cultural que debe empezar a funcionar pronto en Avilés, formando un eje cultural en el norte de España, donde Frank Gehry empezó una verdadera revolución con su proyecto del Museo Guggenheim en la ciudad de Bilbao.
En un intento de rescatar su economía en crisis, Avilés tendrá ahora, por las manos de Niemeyer, un museo con teatro, mirador y espacios expositivos cerca del mar, a un costo de 40 millones de euros. No muy lejos de España, el arquitecto acaba de inaugurar un centro de música en Ravello, Italia, construido sobre la montaña, como si estuviera colgado sobre el mar. Niemeyer dibujó hasta tres versiones del proyecto de Avilés. Se barajó la posibilidad de que la construcción ocupara un terreno en Oviedo u otro en Gijón, pero al final el arquitecto consiguió lo que quería. Logró llevar su museo al mar. "Estoy muy satisfecho de que este proyecto haya agradado a tanta gente y con la posibilidad de que el conjunto pueda poner en diálogo las diferentes formas de comunicación artística", dijo el arquitecto antes de terminar la obra. "Todos mis proyectos fueron hechos con mucho interés, pero el Centro Cultural para Avilés tal vez sea uno de los que más me agradan".
Niemeyer no se arriesga a decir que su proyecto en la ciudad española tendrá el mismo efecto que el Guggenheim en Bilbao. "Sería demasiada pretensión por mi parte afirmar eso sobre un sitio que aún no tuve el placer de visitar ⎯ha dicho⎯. "Es evidente que espero que la inauguración de mi centro cultural despierte más atención para Avilés, que esa obra pueda atraer a muchos visitantes para esa ciudad tan amable, como me describió mi amigo Jair Valera, que acompañó los trabajos allí".
CAMINOS SUSPENDIDOS
El proyecto de Avilés arrancó de la construcción de una plaza con un teatro para mil personas con un palco abierto hacia al exterior, en el que se pudieran representar espectáculos para treinta mil personas. Es el mismo concepto que usó en el Auditorio Ibirapuera, en Sao Paulo, que también se abre hacia al área externa del parque central de la ciudad. En el lado opuesto de la plaza en Avilés, se levanta un museo en forma de cúpula y otro edificio para albergar la administración del centro cultural, un cine y un restaurante. En una torre circular, de 20 metros de altura, con vistas hacia el mar y la ciudad, debe funcionar otro restaurante.
"Tomé este proyecto con mucho interés. Era un terreno espléndido, un espacio muy bueno, plano, de unos 200 metros por 100, abierto sobre el paisaje, de modo que la idea natural era crear una plaza ⎯dijo Niemeyer en la entrevista oficial sobre el centro cultural⎯. De un lado pensé en hacer el auditorio, y del otro lado el museo. Quería que el terreno estuviera limpio, con sólo dos edificios, de modo que se enfatizara la arquitectura. Lo importante en la arquitectura es la sorpresa, hacer una cosa diferente y eso es lo que yo he querido hacer". Pero no es la primera vez que Niemeyer crea una plaza. Su Memorial da América Latina, en Sao Paulo, es un ejemplo de un complejo de construcciones circulares situadas en un gran terreno llano, todo de hormigón. La diferencia es que en Avilés el mar está más cerca y en lugar de olas, como las que dan forma al gran auditorio del Memorial, Niemeyer eligió trabajar con esferas y círculos. "Mi idea es siempre hacer algo diferente ⎯dice el arquitecto⎯. Lo impresionante en la arquitectura es lo que la gente busca".
En una entrevista exclusiva con
Descubrir el Arte, Niemeyer comentó las similitudes entre la obra de Avilés y el Memorial da América Latina. "Hay similitudes entre los proyectos. pero eso tiene menos que ver con soluciones encontradas para el programa que con la búsqueda de elementos distintos en mi arquitectura ⎯ha dicho⎯. Las plazas en los dos proyectos son muy distintas, señalan mi deseo de crear espacios colectivos de convivencia y posibilitan la interacción social. Eso viene también de la voluntad de crear formas más libres, con armonía entre volúmenes. El modelo de teatro que se abre al exterior también ha tenido un éxito absoluto, según mis amigos de Sao Paulo". Sin embargo, el modelo de plaza creado en Brasil y ahora presente en Avilés es uno de los elementos más criticados en la obra del arquitecto por ser demasiado árido, poco agradable para paseos. "No creo que sea un problema ⎯dijo Niemeyer⎯. Estoy seguro de que el centro cultural será el lugar de encuentros muy calurosos. Me imagino todo funcionando, con gente en el auditorio para ver los espectáculos, otros caminando por las exposiciones y viendo a través de los espacios vacíos la plaza que diseñé, en especial el teatro abierto al exterior, lleno de música y ballet".
Sus proyectos actuales parecen repetir el mismo lenguaje con adaptaciones al terreno. El teatro en Rosario, al que se debe llamar Puerto de la Música, son dos estructuras en forma de cúpula, una dentro de otra, que también funcionan como dos espacios en uno, un teatro más alto y otro más bajo, de modo que se puedan crear escenas simultáneas. La disposición de teatro y sala expositiva, una de cada lado de un espacio abierto, también se repite en la plaza Dona Lindu, en Recife. El nuevo edificio de la Fundaçao Oscar Niemeyer, que será parte del Caminho Niemeyer, en Niterói, donde está su Museu de Arte Contemporanea, será también una gran cúpula envuelta por un camino suspendido, como un pasillo elevado que rodea esa esfera de hormigón, muy similar al Museu Nacional da República, en Brasilia. Es inevitable notar que el estilo Niemeyer parece ser copiado con más o menos éxito por el propio arquitecto y ahora empieza a ser exportado a otras partes de Brasil y del mundo. "Estoy trabajando, trabajando mucho ⎯dice el arquitecto⎯. Tengo mucho gusto en hacer proyectos, pero hoy no existe una arquitectura ideal, la arquitectura ideal sería monotonía. Cada arquitecto hace su arquitectura, yo hago la mía".
No muy lejos del edificio de la Fundaçao Oscar Niemeyer, en Río, el español Santiago Calatrava trabaja en su primer proyecto brasileño, el Museu do Amanha que debe empezar a funcionar en 2012. Es un contraste interesante con Niemeyer, ya que también tiene un estilo inconfundible, repetido alrededor del mundo, pero con claras referencias y vicios de la era posmoderna. El brasileño dice admirar la obra de Calatrava y también la de Frank Gehry, con quien dividirá espacio en España, aunque sean representantes de otro momento. "Me gusta mucho la obra de mis colegas Frank Gehry, Zaha Hadid, Daniel Libeskind y Santiago Calatrava, a quienes admiro ⎯ha dicho Niemeyer⎯. Pero evito juzgar el trabajo de otros arquitectos. Deben hacer lo que les gusta y no aquello que a los otros les gustaría que hicieran. Lo único que me sorprende de modo negativo es el gusto actual por la exhibición de materiales constructivos más caros. Hay demasiados proyectos hoy en día que son como escaparates de materiales caros y extraños. He tratado de huir de esa tendencia". De hecho, el arquitecto defiende el regreso a construcciones más sencillas provocado por la crisis económica que empezó hace dos años. Según Niemeyer, volver a aspectos clásicos y más sobrios de la modernidad es un "movimiento justo y necesario".
Las innovaciones técnicas no parecen impresionar mucho a Niemeyer. Por más complejos que sean sus proyectos, él sigue siendo un entusiasta de la escuela que fundó: estructuras armadas sobre zancos, curvas sensuales en hormigón y espacios que integran interior y exterior. "Mi preocupación es quitar los soportes, porque así la arquitectura se vuelve más ambiciosa. Los espacios se vuelven más grandes y la gente tiene condiciones de buscar formas diferentes ⎯dice el arquitecto⎯. El hormigón armado permite todo. Hice un espacio para fiestas populares, el Complexo Cultural Norte, en el que treinta mil o cuarenta mil personas quedan cubiertas por una extensión de hormigón, muy elegante, delgada. Eso es importante para el arquitecto".
[MODERNIDAD] TROPICAL
Desde que adaptó el diseño de Le Corbusier en una de las primeras construcciones modernas en Brasil, el antiguo Ministério de Educaçao e Saúde, en Río, Niemeyer sigue afirmando esa fusión entre espacios interiores y exteriores. "Es una marca de mi creación arquitectónica, pero no hay recetas instantáneas para alcanzar esa fusión expresiva entre espacios ⎯ha dicho⎯. Es muy probable que la búsqueda por esa fusión o integración tenga que ver con una noción de armonía y con mi interés en asegurar un espacio de convivencia más generoso y atractivo".
En ese sentido, Niemeyer parece quejarse de las estructuras de poder bajo las cuales siempre ha tenido que trabajar. Casi todos sus proyectos son encomiendas de gobiernos o instituciones oficiales, desde la elaboración de toda una ciudad, como Brasilia, hasta el diseño del edificio de las Naciones Unidas en Nueva York. En ámbito oficial, Niemeyer logró crear su estilo único, que sirvió como punto de partida para la llamada modernidad tropical. Pero también se opuso a la explosión de formas exageradas y los excesos de la arquitectura a principios del siglo XXI, quejándose de la falta de compromiso social en muchos proyectos. "Trabajamos para quien tiene dinero, para el poder. Mi arquitectura, por lo menos, cuando es diferente, hace que el más pobre se quede encantado, con ganas de saber qué es. Y si se interesa por ello, es una cosa nueva para él. Existe ese momento de la emoción frente a una cosa diferente. Pero me parece abusivo decir que toda mi obra es política y estoy seguro que muchos de mis proyectos más políticos pueden revelar un sentido simbólico, que esté más allá de la interpretación política ⎯dice el arquitecto⎯. No es suficiente que un proyecto tenga salas amplias. Tiene que ser bello para que la gente se sienta atraída por la arquitectura. Me agradan proyectos con un sentido social respetable, que sean abiertos al público. Un sentido social que busque la justicia es más importante que la arquitectura".
De hecho, la revista que sigue editando, Nosso Caminho, dedica más espacio a otros temas que a la arquitectura, en general cuestiones de justicia social. Sus artículos vienen cargados de la retórica política que el propio Niemeyer llama de su pensamiento de izquierda, un discurso que parece no haber cambiado desde la Revolución Cubana, pero que tiene puntos actuales y bastante que ver con la política de hoy día en Brasil. Niemeyer, así como Paulo Mendes da Rocha, el segundo ganador brasileño del premio Pritzker, defiende en su discurso mejoras en la enseñanza de arquitectura en el país. "Me gusta hablar de arquitectura porque pasé toda la vida dibujando. Pero siempre digo que la vida es más importante que la arquitectura. Estamos contra el especialista, el tipo que entra en una escuela superior pensando en ser un gran arquitecto, no lee nada y deja la escuela sin comprender el mundo que le espera, en el cual tendrá que participar ⎯dice Niemeyer⎯. Es una discusión sobre la vida, las injusticias sociales y los problemas que existen, como la violencia".
El arquitecto da como ejemplo de proyectos en esa línea el museo-escuela que construyó en Chile. "No es sólo un museo, porque allá hay una escuela distinta. La gente entra, se queda dos meses, y participa de conferencias sobre literatura, historia, política. Sale para la vida con la certidumbre de que el mundo no es fácil ⎯explica Niemeyer⎯. Lo llamé museo-escuela, está en Santiago". También hizo el Muamba, el Museu de Arte Moderna da Baixada Fluminense, con 1,500 obras de la Colección de Gilberta Chateaubriand, y espacios para residencias artísticas.
METRÓPOLIS GLOBALES
Mientras demuestra estar de acuerdo con muchas ideas de Mendes da Rocha, Niemeyer reconoce las diferencias entre sus estilos, como si buscaran los dos el mismo efecto a través de formas diferentes. "Sólo puedo decir que Paulo Mendes da Rocha es un gran arquitecto brasileño y que tengo enorme respeto por su dedicación a la arquitectura ⎯ha dicho Niemeyer⎯. Respeto también su preferencia por líneas rectas, pero no acepto esa polarización entre mi trabajo, tan personal, y lo que llaman escuela de Sao Paulo". Niemeyer, de hecho, se resiste a clasificar su estilo. No quiere ser moderno, tampoco se identifica con ninguna de las escuelas y movimientos que surgieron en Brasil. Sobre Brasilia, su trabajo más emblemático hasta ahora, sólo dice que es resultado de gran audacia política. "Es un bello ejemplo del coraje de un gran estadista (Juscelino Kubitschek) y de la voluntad de realizar una cosa nueva ⎯ha dicho⎯. Es una capital moderna, a la altura de la grandeza del país, que está presente en la obra de urbanistas, arquitectos, ingenieros y diferentes trabajadores brasileños". Fuera de Brasilia, el arquitecto comenta una situación muy lejos de la utopía. "Considero profundamente equivocado el urbanismo practicado en las ciudades ⎯ha dicho⎯. En especial en las llamadas metrópolis globales, como es el caso de Sao Paulo". En Río, Niemeyer parece interesado en los proyectos de la ciudad que se prepara para recibir la Copa del Mundo en 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.
Casi todas las intervenciones olímpicas deben ocurrir lejos del centro de la ciudad, en el barrio de Barra da Tijuca, mientras nuevos museos y centros culturales se desarrollan en la zona del puerto, más cerca de las zonas centrales. "Todo me parece bastante justo, sobretodo si nuestros líderes políticos consiguen asegurar espacios de trabajo para arquitectos brasileños ⎯ha dicho⎯. Y no faltan buenos arquitectos, con ganas de aprovechar esas oportunidades". Hasta ahora, Niemeyer no está involucrado con ninguno de esos proyectos, pero defiende la ruta hacia una arquitectura más libre. "Mi camino es el de la invención, de la libertad de creación, en donde el arquitecto permanezca siempre fiel a su intuición creativa ⎯ha dicho⎯. Soy un arquitecto que ha seguido una investigación muy personal, que ha buscado una arquitectura más ligera y creativa, que trata de explorar al máximo el potencial del hormigón armado. Soy un arquitecto para quien la arquitectura es invención".