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miércoles, 26 de mayo de 2010

CONVERSACIONES CON... ANDO




TADAO ANDO
Conversaciones con Michael Auping

Michael Auping

Este libro reúne siete entrevistas realizadas a Tadao Ando a lo largo de cuatro años, de mayo de 1998 a abril de 2002. Lo que en principio pretendían ser unas charlas sobre el proyecto que Tadao Ando estaba realizando para el museo de Forth Worth en Texas, se fue transformando en unas conversaciones más generales que ampliaban los temas y los tiempos, haciendo un repaso de la obra y el pensamiento del arquitecto japonés. Se abordan temas como la infancia, la arquitectura tradicional japonesa, la luz y la sombra, las diferentes tonalidades del hormigón, la influencia de la arquitectura occidental, Louis I. Kahn, el boxeo, la armonía, el equilibrio o la transparencia, pero, sobre todo, se habla de Arquitectura.

FRAGMENTO DE LA INTRODUCCIÓN

En abril de 1997, Tadao Ando fue seleccionado para proyectar el nuevo Modern Art Museum de Fort Worth. Desde entonces, Ando ha visitado Fort Worth en numerosas ocasiones para reunirse con el comité y el personal del museo y discutir el proyecto para el nuevo edificio. Después de una de esas reuniones, le propuse que en su siguiente visita reservara algo de tiempo para una breve entrevista; siete entrevistas se sucedieron a lo largo de cuatro años. Mi motivación de origen fue hablar del proyecto de Fort Worth, pero el arquitecto amplió inmediatamente el tema para incluir cuestiones que abarcaban múltiples ámbitos, desde los niños, los estudiantes, el boxeo, el zen y el Panteón hasta la construcción del hormigón, Louis I. Kahn, la oscuridad, el tatami y el posmodernismo, entre otras cosas.

Tal como reflejan estas discusiones, yo no soy historiador de la arquitectura. Como mucho, soy un estudiante entusiasta, y las siguientes conversaciones se presentan con el ánimo de ofrecerles a todos aquellos interesados en los edificios de Tadao Ando, pero no son diálogos de un especialista en arquitectura, sino una base o introducción a su filosofía. Uno de los aspectos más impresionantes de esa filosofía es la insistencia en que la arquitectura no constituye un complejo de estrategias estilísticas, sino una expresión básica de conocimiento. O bien, como dijo Le Corbusier (nombre del último y querido perro de Ando), una profunda reflexión de la "propia civilización". Las referencias ocasionales de Ando a la Historia de la Arquitectura se formulan desde el conocimiento práctico de las necesidades básicas del hombre y desde cómo el uso respetuoso de los materiales no sólo puede encerrar sino también dignificar el espacio y a aquellos que lo habitan.

La necesidad de aportar una emoción o una idea a la forma material -ya sea a través de las sutilezas del dibujo o al peso del hormigón in situ- es quizá la esencia de su personalidad. Su carácter físico se refleja en el hecho de que Tadao Ando está constantemente dibujando. En cada una de las conversaciones, realizadas con la ayuda de un traductor, Ando cogía invariablemente un lápiz o un lápiz de colores y empezaba a dibujar sus trazos como medio para expresar una idea determinada. Al final de cada conversación guardé las hojas _no importaba lo crípticas que fueran_ en una carpeta. Muchos de aquellos dibujos han pasado a ilustrar este libro, colocándolos cerca del momento de la conversación en que se dibujaron. En algunos casos, pueden relacionarse directamente con una idea que el arquitecto estaba expresando; otros son más abstractos y sólo guardan una relación indirecta con la conversación. Como no siempre estábamos seguros de ello, no hemos puesto pies de foto y hemos preferido que los lectores establezcan sus propias asociaciones.

Quisiera agradecer a Junichi Uenomata, quien tradujo las primeras dos entrevistas, y a Kulapa Yantrasast, traductor del resto y un sólido asesor durante todo el proceso. También quisiera agradecer a Marla Price, directora del Modern Art Museum de Fort Worth, por su firme apoyo a estas conversaciones y a su publicación. Yumiko Ando y Masataka Yano también me han proporcionado una ayuda valiosa, por la que les estoy muy agradecido. Y, sobre todo, quiero dar las gracias a Tadao Ando, quien ha sido excepcionalmente paciente y ha enriquecido mi conocimiento de la arquitectura y del proceso creativo de muchas maneras. Espero que todos aquellos que lean estas entrevistas puedan asomarse y vislumbrar al hombre y a su arquitectura tal como yo he tenido la fortuna de hacer en los últimos cuatro años.

Michael Auping

FICHA BIBLIOGRÁFICA
AUPING, Michael. Tadao Ando. Conversaciones con Michael Auping. Barcelona, Gustavo Gili (Colección Conversaciones con...), 94 p.

CONTENIDO DEL LIBRO
7 -Introducción
9 -13 de mayo de 1998
29 -30 de noviembre de 1998
43 -10 de octubre de 1999
55 -8 de abril de 2000
67 -18 de septiembre de 2000
79 -16 de mayo de 2001
89 -5 de abril de 2002

viernes, 21 de mayo de 2010

LIBRO DE CASAS (Bradbury)




CASAS DE CAMPO
Nueva arquitectura rural para el siglo XXI

Dominic Bradbury

El concepto de arquitectura residencial en zonas rurales se ha transformado en la última década. Durante más de un siglo, la atención se centró en el desafío que suponía proyectar y construir casas en pequeñas y grandes ciudades, y el interés por la arquitectura rural se concentró en la conservación, reconversión y reforma de los edificios existentes. Pero actualmente mucha gente se ha cansado del estrés de la vida urbana y se ha trasladado al campo llevando consigo un interés por el diseño. Casas de campo explora la tarea realizada de los arquitectos contemporáneos que no se limitan a remodelar y recrear los métodos y usos del pasado, sino que reinventan la casa de campo, creando una nueva arquitectura rural para el siglo XXI. Casas de campo es un homenaje a esos edificios y a su lugar a través de cuatro capítulos principales, Orgánico, Vernáculo, Neomoderno y Experimental, con una introducción que traza un mapa de la historia y evolución del género. Treinta proyectos muestran los distintos enfoques por parte de los arquitectos, con interpretaciones modernas o tradicionales, poniendo de manifiesto su contribución a la nueva casa de campo con diversidad, energía y originalidad que, además, encarna una forma de vida completamente nueva y más flexible.

EXTRACTO DE LA INTRODUCCIÓN:

La casa de campo posee una fuerte carga simbólica, llena de connotaciones históricas. Tanto en el caso de la casa de campo señorial clásica, como en el del más modesto refugio de inspiración moderna, los indicadores culturales y de clase adornan, y a veces empañan, la idea popular del refugio bucólico. Las asociaciones más progresistas colocan a la casa de campo en primer plano, confirmando así su lugar dentro del orden arquitectónico y cultural; mientras que las visiones negativas la relegan de manera decidida a las páginas de la historia, intentando mantenerla como una reliquia del pasado. Pero, de hecho, no hay forma de parar la continua evolución de la casa de campo, que está empezando a entrar en una nueva era, una era de renovado interés por la campiña en sí y por el modo como elegimos vivir un determinado tipo de vida rural. La nueva casa de campo constituye una respuesta vehemente a una renovada pasión por la vida en el campo y a la búsqueda de viviendas que reflejen realmente los deseos, las aspiraciones y los estilos de vida de un grupo, cada vez mayor, de seguidores contemporáneos de la doctrina de lo bucólico y de lo provinciano, pero preocupados también por el diseño.

El contexto

La casa de campo ha incorporado siempre un conjunto complejo de mensajes relacionados con las ideas de estatus, clase, riqueza y búsqueda tanto de la felicidad como de un constructo que refleje las aspiraciones y deseos del propietario y, a veces, del propio arquitecto. Sin duda, la gran propiedad rural constituyó un símbolo de privilegio y posición social, y también un monumento viviente a personajes destacados o a una familia. Era una casa que no sólo debía proyectarse como un hogar, sino también como un majestuoso monumento conmemorativo. Es el caso del palacio Blenheim en Oxfordshire, que quedó inacabado cuando el duque de Malborough (para quien se construyó) murió en 1722, sin poder contemplar el resultado del extravagante proyecto de sir John Vanbrugh. En última instancia, la casa de campo señorial fue relegada —si no por completo, en gran medida— a la posteridad y la historia, convirtiéndose en un emblema del pasado, de un mundo y una sociedad perdidos.

En literatura, la casa de campo señorial es, por tanto, un recurso fácil, un símbolo cargado de resonancia y poder. Como en el caso de Pemberley, en la novela Orgullo y prejuicio, de Jane Austen; de Thornfield en la obra de Charlotte Brontë, Jane Eyre; de la mansión de Gastby en la novela de Fitzgerald; o de Darlington Hall en la obra de Kazuo Ishiguro, Los restos del día. En el cuento de los hermanos Grimm La casa en el bosque, el anciano que vive con sus animales en una humilde cabaña resulta ser un joven príncipe que sufre la maldición de una bruja. El encantamiento de la bruja ha hecho que ese hermoso joven envejezca en un instante y que su palacio se haya convertido en una cabaña. Cuando, al final, la hija del leñador rompe el hechizo, la cabaña "comenzó a agrietarse y a retumbar por los cuatro costados, las puertas se abrieron golpeando las paredes, las vigas crujieron como si se estuvieran arrancando de cuajo, y se encontró yaciendo en una gran cámara en la que todo lo que la rodeaba poseía un lujo principesco".

Podemos imaginar lo que debe suponer perder no sólo la juventud, ¡sino también un palacio! Y estamos de acuerdo en cuán maravilloso debe ser que nos devuelvan ambas cosas y poder vivir una vida cómoda y agradable. Pero, en muchos sentidos, la casa señorial, con todas sus connotaciones de elitismo y exclusión social, ha sido una carga que ha limitado la evolución de la nueva casa de campo, que, posiblemente, debe su existencia en mayor medida a esa cabaña de madera del bosque que al castillo del príncipe. Es cierto que la nueva casa de campo tiende más hacia otra serie de símbolos, relacionados con el sabor a tierra de las granjas, los graneros y los cobertizos en el bosque. Pero también son asociaciones que, en muchos aspectos, resultan románticas, idealizadas e, incluso, utópicas. (...)

El nuevo movimiento

Evidentemente, existen muchas tendencias diferentes e interconectadas que convergen para crear un movimiento nuevo en lo que sería la casa de campo —movimiento que, de por sí, refleja una nueva sensación de optimismo y confianza absoluta en la vida rural—, pero, en el centro de todas ellas, se halla esa sensación de conexión con el paisaje. Mientras que la arrogante casa de campo señorial intentaba dominar y subvertir el paisaje, convirtiéndolo en un marco desde el que contemplar la casa, la nueva casa de campo ha adoptado un enfoque opuesto, buscando un diálogo con el paisaje donde el emplazamiento se convierta en la fuerza que inspira y organiza el proyecto, abordando el paisajismo de forma minimalista y naturalista. Así, la nueva casa de campo se convierte en un marco desde el que contemplar el paisaje, una lente enfocada hacia el mundo natural y hacia el cambio de las estaciones. (...)

Historia

Todo esto contrasta ostensiblemente con la casa de campo señorial, de cuya sombra ha intentado emerger el nuevo movimiento, para liberarse de la imaginería y el desprestigio que implicaba su elitismo, y pasar a considerar a su antepasada como algo ya anticuado; una casa solariega tan grisácea y arcaica como la de Miss Havisham en Grandes esperanzas de Charles Dickens: con la mesa puesta para un banquete de boda frustrado y los jardines convertidos en un erial.

Es cierto que la casa de campo señorial pertenece a otra época y a otro lugar. Las casas de campo "clásicas" de los siglos XVII, XVIII y XIX eran esencialmente estructuras comunales, instituciones con su propia jerarquía, sus reglas y normas. No es de extrañar que muchas de aquellas casas que aún hoy se conservan —y cuyo uso no es sólo exponer su contenido al público— se hayan convertido en escuelas, hospitales, hoteles y residencias de ancianos, o bien se hayan dividido en apartamentos. Su mantenimiento y gestión requerían mucho personal, y la riqueza necesaria para poder mantenerlas era el privilegio de un sector muy reducido de la población. Podían ser hermosas, originales, extraordinarias, pero también eran muy costosas y, a menudo, resultaban frías e impersonales. (...)

El movimiento arts and crafts sentía una inclinación natural hacia la campiña y la naturaleza como antídoto al crecimiento urbano descontrolado de las ciudades occidentales. El cambio estético que suponía el movimiento arts and crafts se convirtió en un puente fundamental hacia la revolución del movimiento moderno. Por ejemplo, Frank Lloyd Wright —una de las influencias fundamentales en el nacimiento de la casa de campo moderna— surgió a la sombra del movimiento arts and crafts, pues creció y pasó parte de su infancia trabajando en la granja de su tío en Wisconsin y apreciando la obra de Henry David Thoreau y Walt Withman. Sentía un amor romántico por la naturaleza y el campo, y su obra, como es sabido, buscaba su inspiración no sólo en los avances de la ingeniería y los materiales, sino también en el paisaje. En sus "casas de la pradera" utilizó el concepto de piano nobile, para potenciar al máximo las vistas, al mismo tiempo que intentó deconstruir la típica forma de caja de las viviendas e introducir la planta abierta. Por su parte, la Casa de la Cascada (1936) parece formar parte de la propia tierra.

La Casa de la Cascada se ha convertido en una de las grandes casas-icono del siglo pasado. Aunque muchos puedan pensar que el movimiento moderno es un proyecto fundamentalmente urbano —al evocar las imágenes de la Unité d’Habitation de Le Corbusier en Marsella y las de los bloques de viviendas brutalistas que la imitaban, deshumanizando así ciudades en todo el mundo—, las imágenes más potentes y definidoras del movimiento moderno se hallan en un número reducido de hermosas y revolucionarias casas de campo. Debido a su aislamiento y a que se construyeron en una época en la que la casa de campo señorial estaba en peligro de desaparición, tales lugares de retiro poseen aún más fuerza.(...)

El presente

Los urbanistas y algunos arquitectos que siguen rechazando el concepto de casa de campo como algo elitista y superficial, que insisten en que la auténtica preocupación debería ser resolver el problema de la vivienda, proporcionando viviendas sociales y ocupándose del aumento de las presiones de todo tipo que sufren nuestras ciudades, son culpables de una actitud condescendiente hacia la población rural. Es cierto que el campo puede seguir siendo algo bucólico, pero ya no es pueblerino gracias a una comunidad cada vez más preocupada por el diseño, exigente y multicultural, muchos de cuyos miembros tienen un estilo de vida abierto, viajan, trabajan en la ciudad y están expuestos a un amplio abanico de influencias e ideas. Son ellos los que lideran la creciente demanda de alternativas a los pastiches clásicos que ofrecen los promotores y también a las casas tipo "hágalo-usted-mismo", que están ahogando muchas zonas rurales. De hecho, el movimiento de la nueva casa de campo debe enfrentarse al pobre panorama de la arquitectura rural contemporánea y a la ausencia de una verdadera posibilidad de elección. (...).

FICHA BIBLIOGRÁFICA
BRADBURY, Dominic. Casas de campo. Nueva arquitectura rural para el siglo XXI. Barcelona, Gustavo Gili, 2005, 208 p.

CONTENIDO DEL LIBRO
Introducción
Capítulo 1. Orgánico
Capítulo 2. Vernáculo
Capítulo 3. Neomodernidad
Capítulo 4. Experimental
Índice de nombres
Detalles de los proyectos
Bibliografía/Créditos fotográficos

jueves, 20 de mayo de 2010

TEORÍA DE LA ARQUITECTURA (Lleó)




SUEÑO DE HABITAR
Blanca Lleó

Este ensayo propone repensar la transformación del proyecto moderno a través de la casa como sueño de habitar. Además de que, por primera vez en la historia, la casa pasa a ser protagonista de la arquitectura moderna, también es un espacio receptor y transmisor, especialmente sensible a las más sutiles variaciones que se han sucedido durante el siglo XX. El texto es una suma de fragmentos que recorre episodios dispersos y emergentes en torno al sueño moderno del habitar. Desde un primer momento, donde un intérieur se resiste a la modernidad exterior amenazante, pasando por las plasmaciones heroicas de una modernidad ortodoxa, más adelante se llega a la explosión liberadora del proyecto moderno, la revisión crítica de la década de 1960, para acabar en las propuestas revolucionarias que conducen a una visión del presente, donde los nuevos procesos de información y comunicación aparecen en la casa como potenciales transformadores y continuadores del sueño moderno de habitar.

INTRODUCCIÓN

En 1994 se encontró y publicó por primera vez un manuscrito de Julio Verne titulado París en el siglo XX y fechado en 1863. En este relato, el genial escritor ⎯que en plena era victoriana hacía soñar con viajes a la luna, a las profundidades marinas o al centro de la tierra⎯ anticipa en más de cien años la condición abierta y cosmopolita de la casa de nuestro tiempo. "Nuevas invenciones permitirán enviar escritos, firmas o ilustraciones y firmar contratos a una distancia de 20.000 Km. Todas las casas estarán conectadas". Como imaginaba Verne, las formas de relación entre los seres humanos están cambiando aceleradamente desde las últimas décadas del siglo XX. Muchos hablan ya de una revolución tecnocientífica comparable a la producida por la escritura, la imprenta o el sistema de producción industrial del siglo XIX. Uno de los agentes esenciales de la transformación en la vida cotidiana ⎯y también de los cambios en las estructuras sociales⎯ es la introducción de la telemática, es decir, de las tecnologías electrónicas y audiovisuales, en los hogares contemporáneos. A los ya familiares teléfono, radio, vídeo y televisión se suma hoy la masiva y rápida incorporación de ordenadores y redes digitales. El espacio doméstico, siempre sensible a las aspiraciones del hombre en el mundo, se presenta actualmente como una mezcla indeterminada de pasado y futuro, un lugar donde convergen viejos y nuevos sueños de habitar la tierra; donde a los tradicionales sueños de privacidad y confort se suman nuevos sueños de poder total desde la casa.

Proyecto moderno, proyecto inacabado

Este ensayo quiere hacerse eco del debate contemporáneo en torno a la crisis o transformación del proyecto moderno en el nuevo orden mundial. Su título, Sueño de habitar, proviene del de la tesis doctoral que también ha dado ha dado lugar a este libro: La casa, un sueño de habitar en el proyecto moderno, un proyecto inacabado. Parte de él hace referencia a un breve discurso del filósofo alemán Jürgen Habermas al recibir el Premio Theodor Adorno, otorgado por la ciudad de Francfort, en septiembre de 1980. Este ensayo partía de una constatación decepcionante: la I Bienal de Arquitectura de Venecia aparecía como el reflejo de una cultura antimoderna. Allí, "una vanguardia de frentes invertidos (…) sacrificó la tradición de modernidad a fin de hacer sitio a un nuevo historicismo". Habermas estaba dando entonces la voz de alarma ante una oleada neoconservadora. Con el impulso de la confianza en el pensador alemán y en otros contemporáneos, mi propósito ha sido investigar la transformación del proyecto moderno en arquitectura, a fin de dar una respuesta a su pretendida condición inconclusa.

La exposición de Venecia a la que se refiere Habermas, titulada La presencia del pasado, ilustraba la polémica que venía anunciando el fin de la arquitectura moderna desde la década precedente. No olvidemos que se celebró tan sólo dos años después de la famosa cumbre de Nueva York que, con el título After Modern Architecture, reunió a las revistas y los arquitectos más importantes del mundo para sentenciar el fin de una época a pesar del incierto horizonte futuro. A finales de la década de 1970 impera "la conciencia de que el movimiento moderno ya ha quedado atrás, que éste puede ser olvidado", según afirma uno de los arquitectos más destacados de nuestro panorama actual. Sin embargo, tras aquellos años de polémica, la posmodernidad se ha agotado en su propia incompetencia ética, en su narcisismo y en su incapacidad para hacerse cargo de la complejidad contemporánea. ¿Podríamos afirmar hoy, con aquella rotundidad de hace veinticinco años, el fin de la arquitectura moderna? ¿O mejor hablaríamos de una transformación o regeneración crítica de sus aspiraciones y logros?

Por otro lado, la crítica es parte inseparable del proceso. Ya que, desde el mismo inicio del proyecto moderno, se va quebrando el anhelo emancipatorio del hombre como máximo logro de la razón, distintas perspectivas disciplinares ⎯Friedrich Nietzsche, Karl Marx, Sigmund Freud⎯ han confluido a lo largo del siglo XIX en la necesaria reflexión acerca de los aspectos irracionales y míticos de la experiencia humana incluidos en el pensamiento de la racionalidad. Además, en el transcurso del siglo XX ha ido debilitándose hasta casi desvanecerse el sueño más ambicioso de la cultura occidental. En su lugar, un nuevo pensamiento relativista y nihilista enfrenta e intercambia contrarios sin ninguna pretensión de conocimiento totalizador o fundacional, con la certeza constatable de una cultura de la desintegración, en un mundo globalizado pero fragmentado, en un sujeto descentrado. En la época actual de crisis y desconcierto parece que el punto de partida inevitable ha de ser el de repensar críticamente la evolución del proyecto moderno a lo largo del siglo XX, es decir, constituir una génesis personal de la conciencia moderna. Replantear así nuestra identidad es tomar el impulso necesario para adentrarnos en nuevos y desconocidos territorios de la cultura y el pensamiento arquitectónicos. A través de la casa como sueño de habitar, por lo tanto, este ensayo se propone volver sobre algunas ideas que subyacen en el proyecto moderno.

El habitante en el proyecto moderno

Conviene hacer una breve aclaración previa para establecer la diferencia esencial entre el proyecto moderno y la modernidad o, si se quiere, entre el proyecto moderno y la modernización. Alain Touraine, en su defensa del pensamiento de Habermas, afirma: "no hay modernidad sin racionalización; pero tampoco sin formación de un sujeto-en-el-mundo que se siente responsable frente a sí mismo y frente a la sociedad". Racionalización y subjetivación aparecen como conceptos esenciales del sueño moderno. La modernidad como tentativa de llevar a cabo los ideales de la razón ha sido definida por la eficacia de la razón instrumental, es decir, del dominio del mundo gracias a la ciencia y a la técnica. Pero esto es sólo la mitad del proyecto moderno. El proyecto moderno como proyecto de renovación social, además de situar a la razón por encima del dogma, es también y sobre todo la afirmación del sujeto como libertad y creación: libertad como derecho de elección y participación, creación como identidad con la propia vida. Ésta es la otra mitad. Así pues, lo que diferencia al proyecto moderno de la modernidad es, fundamentalmente, la creencia en el sujeto, agente, actor o, simplemente, en nuestro caso, habitante de la casa.

Le Corbusier habla de un espíritu nuevo llamado a "ayudar al hombre alienado de su tiempo para dar significado y autenticidad a su propia vida". Mies van der Rohe identifica lo correcto y significativo de los nuevos tiempos, que es "dar al espíritu oportunidad de existir". En el mismo sentido, la arquitectura de Alison y Peter Smithson es "responsable con el sentido de identidad y pertenencia del sujeto que la habita". Pero lo paradójico de nuestro tiempo es que, mientras la crítica más o menos frontal al proyecto moderno se ha generalizado, la modernización de la sociedad se ha ido extendiendo de forma acelerada por todo el planeta. Ocurre así porque existe una fuerte contradicción entre la modernización en tanto que puesta en marcha de los imperativos de un sistema económico y burocratizado casi autónomo, por una parte, y la consolidación y desarrollo de los progresos y conquistas del sujeto en la sociedad moderna, por otra. El proyecto moderno se ha resquebrajado y, en la crisis actual, se impone una reconstrucción de sus aciertos y sus fallos como inevitable punto de partida para cualquier nueva afirmación. En este contexto, los aspectos autobiográficos de identidad adquieren una importancia capital, mientras que la casa como sueño de habitar se convierte de nuevo en uno de los objetivos preferentes del debate contemporáneo.

Sueño de habitar

Este ensayo quisiera ser, en síntesis, el reflejo de un recorrido personal por las intenciones del proyecto moderno. Para ello, propongo un paseo a través de la casa como sueño de habitar, por tres razones:

1º. Por ser el espacio vital indisolublemente asociado a las aspiraciones humanas de habitar.
2º. Por ser la casa, por primera vez en los tiempos modernos, la protagonista de la arquitectura.
3º. Por ser la casa objeto transmisor o detector, especialmente sensible, de las más sutiles variaciones acaecidas en cada momento del siglo XX, tanto en los avances técnicos, como en los cambios sociales.

Este libro consiste en una suma de ensayos sobre la casa en el proyecto moderno. El método utilizado no es sistemático ni exhaustivo; no hay tiempo ni espacio para las grandes síntesis. Desde la extensión y complejidad del presente, no se puede encerrar la realidad en una visión totalizadora. Muy al contrario, y siguiendo los pasos en su día solitarios y siempre ejemplares de Walter Benjamin ⎯"método es rodeo"⎯, me aproximaré a la realidad por medio de cortes discrecionales y transversales, problematizando e interrogando desde una dimensión provisional. Ante la crisis de certezas absolutas, he elegido intentar un acercamiento parcial y fragmentario, unas líneas de reflexión que permitan un cierto conocimiento de nuestro mundo en términos relativamente fiables. Tomaré episodios esporádicos pero reveladores y actuales para indagar, a través de la casa como sueño de habitar, las distintas interpretaciones que en el tiempo y en el espacio ha tenido el proyecto moderno. Éste será el hilo conductor de todos los capítulos: la casa en la modernidad. Cada capítulo, lejos de la estructura clásica, donde las partes se deben a un todo jerárquico, se manifiesta como un todo independiente. El resultado es una yuxtaposición de episodios, donde cada uno adquiere la forma o estructura más acorde con su contenido.

En el capítulo primero nos adentramos de la mano de Walter Benjamin en "la prehistoria de la modernidad". Su Libro de los pasajes, escrito durante las décadas de 1920 y 1930, es un ambicioso e inconcluso proyecto que quiere desvelar la fantasmagoría que enmascara los inicios del proyecto moderno a mediados del siglo XIX, en los tiempos de Charles Baudelaire. Valiéndonos de su enfoque y método dialéctico, nos proponemos explorar la idea de habitar en este período, reflejada por un personaje y una obra claves: sir John Soane y su casa-museo de Londres. Esta obra es mucho más que una casa; es un mundo completo, propio y complejo, un intérieur donde la vida cultural del estudioso y el coleccionista, la vida profesional del arquitecto, la vida social y, por supuesto, la vida doméstica tienen cabida. Sus múltiples reformas y ampliaciones, a lo largo de un cuarto de siglo, son el reflejo de la evolución del hombre que la creó y habitó. En este primer capítulo se insiste de modo recurrente y obsesivo en los detalles y pormenores del intérieur; casi con espíritu detectivesco: buscando rastros, encontrando claves. El análisis quiere ser concentrado, minucioso, casi agotador; al igual que este interior agobiante y protector que, como creación de huellas permanentes, combate la modernidad amenazante del exterior.

En el capítulo segundo una corriente de aire fresco y limpio parece surgir de las páginas que nos remiten a la década de 1920, los tiempos de la modernidad triunfante. La movilidad, optimismo y libertad de esta década invitan a inquirir en un vuelo ligero sobre diferentes personajes y acontecimientos. Dos momentos destacados aglutinan las experiencias acerca del espacio doméstico moderno: la Exposición Internacional de Stuttgart en 1927 y la de París en 1925. En ellas centraremos sendos enfoques del signo de los tiempos: uno individual, en la persona de Mies van der Rohe, como heredero del romántico Zeitgeist, y otro colectivo, en el grupo de vanguardia que encabezan Le Corbusier y L’Esprit Nouveau. La Sala de vidrio de Mies y las parisinas casas de artistas representan la primera materialización de un nuevo sueño de habitar.

El capítulo tercero es una explosión de la idea de modernidad, libre ya de cualquier dogma y normativa de lenguaje. Una serie de casas como autobiografías de su habitante y hacedor sitúan al sujeto por encima de cualquier otro factor. Entramos en un mundo personal, atemporal, anacrónico incluso, del individuo frente a la sociedad. Cinco refugios en la naturaleza, dispersos en el tiempo y en el espacio, nos servirán para representar el amplio panorama del proyecto moderno. La arquitectura se ofrece aquí, más que nunca, como testimonio construido de las ideas del arquitecto que la realiza y habita, de sus obsesiones y repeticiones, intereses y sueños, logros y experimentos, más allá de la técnica, la razón social o la representación. La casa es la piel del hombre, el propio sujeto en su modo de habitar el mundo. Los aspectos míticos, irracionales y simbólicos desbordan la racionalidad moderna. Cinco casas, cinco testamentos. En 1927, Frank Lloyd Wright realiza el campamento de Ocatilla, un hogar comunitario y efímero que simboliza el retorno a los orígenes, la vuelta a la naturaleza, el pionero a la búsqueda del nuevo sujeto. La casa Stennäs, que Erik Gunnar Asplund se construye en 1935, es una obra dialéctica entre el neoempirismo psicológico, la modestia vernacular y el funcionalismo moderno; el intimista en la nostalgia del sujeto perdido. La casa Muuratsälo (1953) de Alvar Aalto, en los lagos de Finlandia, es el retiro que conjuga arte, técnica y naturaleza en una obra experimental del humanista en la dialéctica moderna del sujeto. La casa en Porto Petro (Mallorca, 1972) será el testamento construido de su habitante y autor, Jørn Utzon; el arqueólogo a la deriva del sujeto descentrado. Por último, la casa de Patrick y Silvia Shiel en la isla La Graciosa (1969) es la aventura del hombre libre, alejado, aunque no olvidado, de la civilización moderna. En la segunda parte de este capítulo, y también desde la casa propia del arquitecto, nos adentramos en la casa de toda una vida al analizar la casa de Le Corbusier, en Porte Molitor, en París, y la de Konstantin Mélnikov, en Moscú, como sueño moderno de habitar.

En el capítulo cuarto nos situamos en las décadas de 1960 y 1970, cuando la nueva crítica aparece como revisión del proyecto moderno. La información masiva en las ciudades, la historia, la pluralidad funcional y la ambigüedad de significados se incorporan como factores transformadores de la cultura moderna. Una mirada bifocal nos proporciona de nuevo un panorama de mayor perspectiva: la acción vital y heroica que caracteriza la utopía artística de Gordon Matta-Clark confluye como apertura crítica con la propuesta iconoclasta y antidogmática de Robert Venturi. Ambos cuestionan y rompen las convenciones de la casa suburbial norteamericana, revisando críticamente el proyecto moderno y ofreciendo nuevas perspectivas al sueño de habitar.

En el capítulo quinto y último nos acercamos al presente y al futuro de la casa actual, partiendo de las utopías futuristas de la segunda posguerra. Para pensar el hogar como un 'oasis a la carta', desmaterializado y contingente, que tiene en la todopoderosa tecnología de la comunicación y el control uno de los agentes de cambio más determinantes, analizaré dialécticamente la compleja y contradictoria relación entre el hombre y la máquina. Las experiencias precedentes de Richard Buckminster Fuller, Peter y Alison Smithson y del grupo Archigram facilitan el acercamiento hacia el problemático y cambiante espacio doméstico contemporáneo. Finalmente, la propuesta doméstica de Jean Nouvel para la exposición Dreams of Power que, sobre telemática, tuvo lugar en la Bienal de Venecia de 1995 y la casa en Floirac de Rem Koolhaas (1994-1998) nos permiten vislumbrar algunas claves de la casa contemporánea.

Conclusiones provisionales

La liberación del espacio doméstico es parte del sueño emancipatorio del proyecto moderno. A lo largo del siglo XX, la casa ha superado los límites físicos tradicionales gracias a las nuevas tecnologías y materiales (desde la planta libre al control ambiental). Sin embargo, pensar la casa de nuestro tiempo sigue requiriendo buscar la "esencia de habitar", es decir, "aprender primero a habitar". Quizá el espíritu de la modernidad, que nació de la creencia en el sujeto libre, universal e igualitario, sea un proyecto inacabado capaz aún de dar respuesta al sueño de habitar, de ser una criatura mortal en la tierra.

El habitar moderno es un sueño, una aspiración difícilmente alcanzable. Estas dos palabras juntas ⎯"habitar" y "moderno"⎯ comprenden una fructífera contradicción aparentemente irreconciliable. Por una parte, habitar alude a permanencia y refugio, en su imagen ancestral de la cabaña primitiva, e implica estabilidad y continuidad ⎯"la casa es conservadora", dirá Adolf Loos⎯. Por el contrario, moderno es máquina y nuevos tiempos ⎯en su imagen de Le Corbusier⎯, y significa dinamismo y transformación incesantes. Pues bien, en esta tensión dialéctica subyacente en el hogar moderno es donde germina la arquitectura del siglo XX. Y es también en esa posición inestable del habitar moderno, entre lo circunstancial y lo duradero, entre el pasado y el futuro, e inmersa en las tensiones del presente, donde reconocemos un proyecto moderno aún vigente, vigente como punto de referencia obligado para nuevas arquitecturas de futuro.

FICHA BIBLIOGRÁFICA
LLEÓ, Blanca. El sueño de habitar. Barcelona, Gustavo Gili, 2006, 239 p.

CONTENIDO DEL LIBRO
Presentación. Francisco Jarauta
Introducción
Prehistoria de la modernidad: las masas y el intérieur
El siglo de los tiempos
L’Esprit Nouveau
Autobiografías
Crisis: la casa habla
La casa futura, un oasis a la carta
Bibliografía
Agradecimientos
Créditos fotográficos

miércoles, 19 de mayo de 2010

OTRAS CASAS DE... RIETVELD

Casa Schröder, la obra maestra de Rietveld

CASAS DE GERRIT THOMAS RIETVELD

Con esta entrada se inaugura una nueva sección de la biblioteca dedicada a informar a los lectores de otras casas de los 20 arquitectos incluidos en el blog, algunas de las cuales es muy difícil conseguir información. Espero que sea del agrado de todos/as.

TEXTO DE MARIJKE KUPER

Es imposible afirmar con certeza cuántas casas proyectó Rietveld, por que se desconoce el número de proyectos que se han conservado. Con seguridad; construyó cerca de cien casas. Durante la primera mitad de la década de 1930 Rietveld construyó dos hileras de cuatro casas y un pequeño edificio de apartamentos para una pequeña empresa constructora de Utrecht, y en la Siedlung del Wiener Werkbund en Viena otra hilera de cuatro casas. Se trata de uno de los pocos proyectos de Rietveld que se construyeron fuera de Holanda. Rietveld construyó muchas casa buenas, otras no tanto o, sencillamente, carentes de interés. En el caso de los proyectos menos logrados, la relación entre el cliente y el arquitecto no funcionó bien, algo por lo demás no del todo sorprendente. Incluso en los inicios de su carrera como arquitecto, Rietveld pensaba que si el cliente pedía demasiadas cosas seguramente pasaría por alto lo más importante. En el programa de un proyecto siempre hacía una distinción entre los deseos humanos generales y los individuales. Los primeros eran realmente su punto de partida y hacía lo que podía para atender a los segundos. Sin embargo, con frecuencia solía hacer caso omiso de los deseos concretos del cliente porque chocaban con su credo personal o su punto de vista. Rietveld era un servidor de la arquitectura más que del cliente. No todo el mundo encajaba en una casa proyectada por encargo. Desde su punto de vista, si el cliente y su familia eran “unos burgueses aletargados”, este hecho afectaría incluso al mejor proyecto, por bueno que fuera, hasta el punto de resaltarle todo su valor. La casa Schröder fue el principio, y aunque en realidad no sólo fuese de su carrera como arquitecto (Rietveld había realizado ya algunas formas de fachadas de tiendas), indudablemente sí lo fue en cuanto a la arquitectura doméstica. Constituyó un laboratorio donde todo se puso a prueba con un único y grandioso gesto: el efecto espacial, el color y el efecto de la luz. Y todo se hizo partiendo de la premisa de que la casa debía estimular la actividad y la conciencia de sus ocupantes. Rietveld condensó su punto de vista en el aforismo “habitar implica una acción”.



CASA HILDEBRAND
1934-1935, Blaricum, Holanda

La casa Hildebrand es bastante pequeña, pero Rietveld consiguió que la sensación de espaciosidad fuera considerable. La impresión que genera la sala de estar se amplia gracias a la pared curva casi completamente acristalada del anexo. La sala de estar y el comedor son contiguos, pero pueden separarse por una partición plegable en acordeón. En contraste con la transparencia de la gran pared de vidrio orientada al sur que domina la sala de estar, la zona de comedor situada en la zona rectangular del anexo, con un techo más bajo y una ventana corrida al oeste, posee cierta intimidad. Un aparador accesible desde ambos lados funciona como separación y, al tiempo, conectada la sala de estar y la cocina. Todas las estancias de la planta baja se comunican, de modo que pueden recorrerse en varios sentidos, un hecho que aumenta la sensación de calidad espacial. Para conseguirlo fue necesario colocar una curiosa puerta estrecha y con la parte superior inclinada bajo la escalera, entre el vestíbulo y la cocina. La experiencia de fluidez espacial que se confirió a este interior precisamente característica de las casas Rietveld. El vestíbulo, cuyo diseño pretende crear líneas visuales horizontales, verticales y diagonales, es crucial en este sentido: el resultado fue una sensación de espaciosidad incomparable, a pesar del volumen limitado de la casa.



CASA VERRIJN STUART
1940-1941, Breukelen, Holanda

Esta es la casa más pintoresca y llena de encanto que construyó Rietveld, y esto es debido a su emplazamiento. Lo que es más, el proyecto tiene una forma tan extravagante que no hubiese desentonado en la época de apogeo de la Escuela de Ámsterdam. Pero, de todas formas, la casa es una de las obras maestras de Rietveld e ilustra su punto de vista arquitectónico de forma tan reveladora como la casa Schröder, la casa Mees u obras tardías como la casa Van den Doel. Pero la casa Verrijn Stuart es única dentro de la obra de Rietveld. El cliente, el economista y director de banco G. M. Verrijn Stuart, ya conocía a Rietveld, puesto que había reformado una casa para él en 1938. El extraordinario paisaje del entorno donde se ubicó esta casa de vacaciones está formado por un laberinto de canales e islas alargadas situadas a orillas de Loosdrechtse Plassen, una zona de pequeños lagos en el centro de Holanda que se formó gradualmente hace muchos siglos como resultado de la extracción de turba. Cuando a principios del siglo XX cesó la extracción de turba, los surcos que habían producido su extracción se inundaron. A partir de entonces, la zona se fue convirtiendo en un centro de vacaciones muy popular y en las antiguas turberas se construyeron muchas casas. Las normativas urbanísticas exigían la construcción de cubiertas inclinadas que armonizasen con el estilo rural de las casas existentes.



CASA SLEGERS
1952-1955, Velp, Holanda

Con un presupuesto muy limitado, Rietveld construyó una casa con estudio para el escultor Piet Slegers, su esposa y sus tres hijos en el centro de un solar irregular en esquina de 1.700 m2, contiguo a la casa Stoop. El proyecto ocupa un lugar especial dentro de la obra de Rietveld debido al impacto casi gráfico que produce esta casa cuando se contempla en su contexto. Está formada por dos volúmenes: el ala de los dormitorios, con cubierta plana, y otro con el estudio y la zona de estar, con cubierta a un agua. Ambas partes están unidas por un pequeño vestíbulo de menor altura. El aspecto de la casa está dominado fundamentalmente por el volumen de mayor tamaño, donde se encuentran el estudio, la sala de estar y la cocina. La fachada norte está presidida por la pared de vidrio del estudio de 4 metros de altura y 5 de anchura. El acristalamiento está en 20 paños cuadrados de 1 metro de lado apoyados sobre un pequeño zócalo. En la esquina, los postes de las fachadas norte y oeste tienen un perfil en forma de W (una solución en esquina que está presente en muchos proyectos de Rietveld). La fachada ciega de ladrillo situada a la izquierda del gran ventanal del estudio esta ligeramente más alta que la cornisa de la cubierta sobre el gran ventanal. Esta parte de la fachada está rematada por una franja minúscula y casi invisible que sugiere una prolongación ascendente infinita. Esta fachada tiene un acabado negro alquitrán, al igual que el bloque situado al otro lado de la esquina. Una única ventana cuadrada con marco blanco, colocada con acierto, revela la existencia del interior oculto detrás de esta superficie.

Toda la información procede de 2G Gerrit Thomas Rietveld. Casas, de la editorial Gustavo Gili.

martes, 18 de mayo de 2010

HOMENAJE A...




WALTER GROPIUS
18 de mayo de 1883

Walter Gropius nace en Berlín el 18 de mayo de 1883. Finalizados en 1907 sus estudios de arquitectura en las Universidades de Berlín y Múnich, y después de haber realizado viajes de estudio por España, Italia, Francia, Inglaterra y Dinamarca, se convierte en el primer ayudante de Peter Behrens. En 1910 inicia su actividad artística y en 1913 consigue en la exposición de Amberes la medalla de oro de mobiliario y decoración de interiores. Llamado a filas, sirve en diversas unidades de combate hasta el final de la guerra. Desmovilizado en 1918, es llamado para asumir la dirección de la Grossherzoglichen Sdchsischen Kunstgewerbeschule y de la Hochschule for bildende Kunst de Weimar; ambas escuelas se fusionan después en una única institución que toma el nombre de Staatliches Bauhaus. A lo largo del decenio en que dirige la Bauhaus Gropius logra reunir en ella como enseñantes a las más significativas personalidades del movimiento artístico moderno en Alemania. La Bauhaus se convierte en objeto de apasionadas discusiones sobre los problemas del arte y de la enseñanza artística modernos. En 1925, debido a la oposición política del gobierno de Turingia, la Bauhaus se ve obligada a trasladarse a Dessau. En 1928, tras abandonar la dirección de la Bauhaus, Gropius reemprende el ejercicio libre de la profesión en Berlín, dedicándose con preferencia a los problemas de la vivienda colectiva y del urbanismo. Tras la conquista del poder por los nazis tiene que refugiarse en Inglaterra, donde trabaja de 1934 a 1937 en colaboración con Maxwell Fry; su presencia marca una fuerte influencia sobre el desarrollo de la arquitectura moderna inglesa.

En 1937 es llamado para asumir la cátedra de arquitectura en la Graduate School of Design de la Harvard University (Cambridge, Mass.). Reinicia en América su actividad profesional, en colaboración con Marcel Breuer. Sus actividades principales siguen siendo, no obstante, la enseñanza, el estudio de los grandes problemas de la vivienda y del urbanismo, el estudio de la génesis de la forma artística y la educación formal. En 1937 es nombrado miembro honorario del RIBA (Royal Institute of British Architects) y vicepresidente del Instituto de Sociología de Londres. Es miembro del American Institute of Architects y de la American Academy of Art and Science. Desde 1938 dirige el Department of Architecture de la Harvard University. Vive en Cambridge, Mass. En 1953 deja la Universidad de Harvard y le es concedido, en Sao Paulo, el Gran Premio Internacional para la Arquitectura. En 1954 realiza por cuenta de la Fundación Rockefeller un viaje a Japón. A los numerosos reconocimientos de que es objeto por parte de universidades e instituciones científicas europeas y americanas se añade en 1956 la Royal Gold Medal del RIBA.

Texto de Giulio Carlo Argan, en: Walter Gropius y la Bauhaus.

domingo, 16 de mayo de 2010

CASA GROPIUS




WALTER GROPIUS Y LA BAUHAUS
Giulio Carlo Argan

FRAGMENTO DE LA INTRODUCCIÓN

Walter Gropius es un hombre de la primera postguerra. Su obra de arquitecto, de teórico, de organizador y director de aquella admirable escuela de arte que fue la Bauhaus es inseparable de la condición histórica propia de la república de Weimar así como de la frágil democracia alemana. Gropius puso en juego toda su cultura figurativa y teórica, su destino de artista, en aquel momento crítico de la historia europea. Su racionalidad, su positividad y su mismo optimismo en el diseño de programas de reconstrucción social brillan con claridad sobre el oscuro fondo de la derrota alemana y de la angustia del tiempo de la postguerra: su fe en un porvenir mejor para el mundo esconde un profundo escepticismo, una lúcida desesperación. No se trataba sólo de un modo de defensa psicológico y moral: aquel supremo prestigio de la razón era también la última herencia de la gran cultura alemana, la única fuerza de rescate que Alemania podía extraer de su propio pasado. La obra de Gropius se encuadra en la crisis de los grandes ideales que caracteriza a la cultura alemana del siglo XX, pues nace también de la disgregación de los grandes sistemas y de la confianza en una crítica constructiva capaz de proponer y resolver los problemas inmediatos de la existencia. La racionalidad que Gropius desarrolla en los procesos formales del arte es afín a la dialéctica de la filosofía fenomenológica y existencial (sobre todo a la de Husserl), a la que está, de hecho, ligada históricamente: se trata así, en esencia, de deducir de la pura estructura lógica del pensamiento las determinaciones formales de validez inmediata, independientes de toda Weltanschauung. En su obra, el rigor lógico cobra evidencia formal: se torna arquitectura, en tanto que directa condición de la existencia humana.

Resulta imposible separar, en la obra de Gropius, el momento teórico de los momentos pedagógico y creativo: cada uno de sus edificios, de sus programas urbanísticos y de sus intervenciones prácticas y polémicas en busca de una radical renovación de los métodos productivos de la arquitectura y del arte aplicado o de una reforma de la enseñanza formal, resulta ser sin duda, al mismo tiempo, formulación teórica, aplicación práctica y acto creativo. El suyo es un temperamento positivo ⎯hoy quizá diríamos extrovertido⎯ que pretende actuar a toda costa sobre el terreno de lo contingente. Sabe que en el momento de la crisis de los grandes valores de la Historia, la estricta lógica formal encarna la fuerza de la ultima ratio; y, si ninguna civilización es ya posible con base en la estabilidad de los principios sino tan sólo en la claridad y en la firmeza de los actos, su intención se dirige a operar en lo vivo de una situación con la tempestividad y exactitud propias de las intervenciones quirúrgicas. La racionalidad no es ya una guía o una luz desde lo alto, sino una técnica infalible; la condición que la determina y justifica es muestra de la crisis existente, que se da sobre todo en calidad de crisis del sentimiento: de ahí el paso continuo del puro racionalismo al puro pragmatismo y la sustancial identidad entre proceso artístico y proceso crítico, actividad creativa y actividad didáctica. Probablemente se deba a ese continuo paso o transferencia el hecho de que la obra de Gropius, interrumpida en Alemania por el advenimiento del nazismo, pudiera desarrollarse coherentemente en América y hallar puntos de acuerdo con el pensamiento de Dewey o el de Forbes, ampliando con ello de manera ilimitada el horizonte histórico del arte contemporáneo.

En Gropius, llevado por su formación de arquitecto a la consideración de los problemas sociales, la dualidad de racionalismo y pragmatismo reproduce en otro plano la contradicción entre nacionalismo e internacionalismo que durante el período de la inmediata postguerra angustiaba a la entera cultura europea. Sobre este punto gravita la totalidad de su obra: la arquitectura «internacional» no será solamente nivelación de las formas y las técnicas, sino, al mismo tiempo, imagen e instrumento de una nueva organización social cuya estructura general ni tan siquiera es posible prever; va a ser el arte mismo el que, operando y desarrollándose en lo vivo de la sociedad, y participando en su devenir, concurra de este modo a determinarla.

Tanto en Francia como en Alemania, aunque en cada una con distintos acentos, cada vez que se hablaba de internacionalismo en realidad se pensaba en una nación suprahistórica o colectiva, la denominada «nación europea», una entidad a contraponer a la concreta amenaza de la internacional clasista. Y, del mismo modo, cada vez que se hablaba de racionalismo a propósito de las inevitables cuestiones sociales en que se ve inmersa toda arquitectura, se estaba pensando en realidad en un pragmatismo generalizado y normativo (o, hablando de utilitarismo, en lo que es una racionalidad en acto), a contraponer a la dramática concreción de los acuciantes problemas sociales. Pero este dualismo no expresaba el contraste histórico existente entre ideologías y entre clases, que se iba endureciendo día a día, sino la desazón y las contradicciones internas de la clase dirigente: éste era su alibi teórico frente a las presiones de otras fuerzas que, desde la extrema izquierda y la extrema derecha, tenían en sus miras el poder, poniendo a punto respectivamente un programa ultrainternacionalista y un programa ultranacionalista.

No hay duda alguna de que Gropius operó en el ámbito de una cultura burguesa y de que su imperativo racional le vedó un efectivo impulso revolucionario. Su puesto está entre ese grupo de intelectuales que se propusieron resolver racionalmente los conflictos de clase: con ellos asistiría al derrumbe que trastornó enteramente, con la frágil trama de la colaboración intelectual entre los pueblos, los «valores eternos» a los cuales se hallaba inútilmente anclada. Hay algo sin embargo que diferencia a la figura de Gropius del conjunto de los «europeístas»: ante todo, su incapacidad para la ilusión y su frío rechazo a fundar la nueva comunidad sobre el prestigio de los «grandes ideales». De hecho, aquellos grandes ideales constituían el sistema mismo que su dialéctica desintegraba y disolvía en la fenomenología de la existencia, por más que esa dialéctica los tuviera de hecho como presupuesto, del mismo modo que las filosofías existenciales extraían a su vez de su dialéctica la experiencia del idealismo que criticaban en tanto que sistema.

Así, Gropius constata que aquellos grandes ideales y supremos valores han dejado de hecho de existir con una determinada estructura de la sociedad; admite que la crisis de la sociedad viene a ser también crisis del arte; trata de establecer cuál pueda ser la función del arte, como inalienable experiencia artística, en el inminente proceso de transformación de la sociedad. Su límite será el haber creído que tal transformación pueda reducirse a una mera evolución histórica de la clase dirigente coetánea para adecuarse a las nuevas tareas y exigencias de la sociedad. La suya fue una revolución fría. Gropius no abrió al arte nuevos horizontes de conocimiento, pero en cambio marcó el no más allá, el punto nec ultra de toda tradición figurativa, en tanto que agotó en sus propias antítesis la tradición artística del mundo occidental, poniendo con ello a la sociedad futura al abrigo de todo posible «renacimiento». Más allá de ese límite, toda eventual renovación artística deberá fundarse necesariamente sobre una nueva concepción del valor de la existencia y de la organización humana.

FICHA BIBLIOGRÁFICA
ARGAN, Giulio Carlo. Walter Gropius y la Bauhaus. Madrid, Abada Editores, 2006 (Colección Lecturas, Serie Historia del Arte y de la Arquitectura) 301 p.

CONTENIDO DEL LIBRO
5 INTRODUCCIÓN
25 LA PEDAGOGÍA FORMAL DE LA BAUHAUS
83 LA ARQUITECTURA DE GROPIUS (1911-1934)
189 LA ARQUITECTURA DE GROPIUS EN INGLATERRA Y AMÉRICA
261 APÉNDICES
263 Nota biográfica
265 Obras principales
270 Principales escritos de Gropius
273 Publicaciones de la Bauhaus
276 Conferencias, comunicaciones, etc., no publicadas en volúmenes o revistas
277 Bibliografía general
294 Índice de ilustraciones
299 Índice de nombres

viernes, 14 de mayo de 2010

CONVERSACIONES CON... KOOLHAAS




REM KOOLHAAS
Conversaciones con Hans Ulrich Obrist

Hans Ulrich Obrist

Este libro recopila seis entrevistas que Hans Ulrich Obrist ha venido manteniendo con Rem Koolhaas sobre los temas más recientes tratados por OMA y AMO. En ellas no sólo se dialoga sobre la trayectoria y el pensamiento de Rem Koolhaas, sino que se abordan sus últimas obras asiáticas, la biblioteca pública de Seattle, la Casa da Música en Oporto o la embajada de Holanda en Berlín. Dada la dispersión de la obra de OMA/AMO por todo el planeta, los temas abordados en las entrevistas tratan también sobre geopolítica y sobre los diferentes condicionantes de trabajo a la hora de proyectar la arquitectura en las diferentes partes del mundo.

FICHA BIBLIOGRÁFICA
OBRIST, Hans Ulrich. Rem Koolhaas. Conversaciones con Hans Ulrich Obrist. Barcelona, Gustavo Gili, 2009 (Colección Conversaciones con...) 95 p.

CONTENIDO DEL LIBRO
7 Entrevista sobre China
21 Entrevista sobre Europa
39 Entrevista entre ciudades
53 Laberinto dinámico (Seúl)
69 Entrevista sobre Berlín
69 Primera parte: sobre la arquitectura de Berlín
83 Segunda parte: Cities on the move
87 Entrevista sobre Oporto

miércoles, 12 de mayo de 2010

CASA FARNSWORTH


MIES VAN DER ROHE
Una biografía crítica

Franz Schulze

PREFACIO

No es raro que los grandes artistas mueran dos veces. La desaparición de la persona va seguida por la discusión pública de la magnitud real del hombre, lo que lleva a quienes le sobreviven, mientras entierran su cuerpo, a arrancar su imagen del altar que ellos mismos levantaron durante su vida. De este modo la muerte llega como una liberación no sólo para él, sino también para aquellos que progresivamente habían llegado a considerar su presencia tan opresiva como inevitable. No pocas veces es restituida posteriormente por una generación que no ha sido obligada a compartir el mundo con él, si bien es probable que la imagen que labren refleje tantas cosas de ellos mismos como de él. Modificaciones semejantes se suceden a lo largo del tiempo.

Diecisiete años ⎯casi una generación entera⎯ separan la muerte de Mies van der Rohe de la conmemoración de su centenario en 1986. Al final de su madurez era considerado mayoritariamente como uno de los arquitectos más importantes del siglo XX, sólo comparable a Frank Lloyd Wright y Le Corbusier. Los críticos sostenían con frecuencia que, aparte de la excelencia de su obra, influyó en la construcción mucho más que ningún otro diseñador de su época. Fue el más riguroso de los racionalistas en un momento poco dado a la racionalidad, un severo amante de la disciplina que insistía en que los estilos que habían surgido como producto de otras épocas no tenían sitio en ésta. Por el contrario, afirmaba Mies, la edificación moderna debía ser la realización concreta del espíritu moderno, que en arquitectura se evidencia especialmente en la tecnología del acero y el vidrio. A sus contemporáneos las formas claramente rectilíneas que creó les parecían irresistibles en su lógica de que el arte de la construcción debía ser, como él afirmaba, un proceso razonado que condujera a una verdad indiscutible. La nostalgia por los ideales del pasado era un fin falso, y la mera expresión personal, un medio inadmisible.

La época en que se empezó a disentir de esta visión de las cosas coincidió más o menos con la muerte de Mies; así, a finales de los años sesenta y principios de los setenta su filosofía fue atacada repetidas veces como simplista e incluso inhumana, al igual que se comenzó a sospechar de que la modernidad en las artes había fracasado en su intento de rehacer el mundo al negarse a apreciar la riqueza de la historia y su significado residual para el pensamiento de la época. Aunque Mies no fue el único arquitecto moderno acusado de tal error, debido a su importancia se convirtió en un pararrayos que atraía la mayor parte de las descargas de la llamada revolución posmoderna.

Sin embargo, él estaba muy por encima del amenazador panorama de la arquitectura moderna, y cuando la tormenta amainó al inicio de los años ochenta, aún estaba allí, ocupando una posición tan elevada como la de cualquier construcción existente. Racionalistas y también románticos, estructuralistas y pictoricistas, tomaron su obra como el principal patrón con el que medían sus propios esfuerzos tanto en su emulación como en su rechazo. Una situación tal debería ser razón suficiente para un libro como éste.

FICHA BIBLIOGRÁFICA
SCHULZE, Franz. Mies van der Rohe. Una biografía crítica. Madrid, Hermann Blume, 1986 (Serie Maestros de la Arquitectura) 359 p.

CONTENIDO DEL LIBRO
v Contenido
vii Lista de ilustraciones
xiii Agradecimientos
xv Prefacio
xvii Lista de edificios y proyectos
3 Cap. 1 Aquisgrán: la juventud en la Alemania imperial, 1886-1905
21 Cap. 2 Berlín: los problemas de un nuevo siglo, 1905-18
85 Cap. 3 Europa resurge de las cenizas: la respuesta al desafío moderno, 1919-25
135 Cap. 4 Weimar: en la cresta de la ola, 1925-29
179 Cap. 5 Depresión, colectivización y la crisis del arte, 1929-36
211 Cap. 6 El abandono y la huida, 1936-38
225 Cap. 7 La recuperación: modernidad sin utopía, 1938-49
247 Cap. 8 América: el triunfo del acero y el cristal, 1949-58
293 Cap. 9 Canto final, 1958-69
336 Notas
351 Bibliografía escogida
355 Índice

VILLA MÜLLER



ADOLF LOOS
Panayotis Tournikiotis

FRAGMENTO DEL CAPÍTULO UNO
THE ARCHITECT'S ITINERARY

Adolf Loos appears, at first, to be an ambiguous, contradictory and even enigmatic personality, to quote Pevsner. Was he a rationalist, a traditionalist, or indeed a "classicist"? Was he among the pioneers of modern architecture, was he a Dadaist architect, or was he the last breath of a decadent Art Nouveau? Did he follow the principles of the Chicago School, did he prefer Le Corbusier, Gropius, and the other moderns, or was he simply the first postmodern architect? The one-sided, linear histories of architecture (from Morris to Gropius) that trace the path of the Modern Movement raise such questions, but then leave them unanswered. They present Loos's writings, especially "Ornament and Crime", as anti-historicist manifestoes of the era between the two world wars.

Loos's field of critical thought encompassed the whole of Viennese daily life. The moralistic and largely therapeutic thinking reclaimed truth in all its purity, supporting neither lies, nor imitation, nor trompe l'oeil. However, viewing Loos solely as an avant-garde of the twentieth century would miss the richness of his personality, and would deny the particulars that separated him from his supposed successors. Loos always situated himself dialectically to the historic continuity of tradition: he look care to speak of concrete time and space, he opposed the quest for new forms as a refute of history, and more importantly, he criticized the privileged status of the architect as creator and genius.

Adolf Franz Karl Viktor Maria Loos was born on December 10, 1870 in Brünn (known today as Brno), the commercial and industrial center of the Austro-Hungarian Empire, 100 kilometers north of Vienna. His father, who had studied painting ad sculpture, was a sculptor and stone cutter; several authors have attributed Loos's preference for beautiful, well-worked materials to his father's trade. But because the father died in 1879, the relationship between his craft and his son's taste for precious materials, was, it seems, more of a psychological order, and could be seen as a type of mourning. Loos began his studies in Brünn; in 1884 he entered the Obergymnasium of the Benedictines of Melk, but left almost immediately, after failing the February exams. He then enrolled at the National School of Arts and Crafts in Reichenberg, to become a mechanic. He left once again to enter a program in building technology, and ended with yet another in mechanical construction in 1889 at the National School of Arts and Crafts back in Brünn. He decided then to turn to architecture; he studied at the Superior Technical School in Dresden for two semesters and, after doing his military service, settled in Vienna to take courses at the Academy of Beaux Arts. He then returned to Dresden in 1892, and tried -unsuccessfully- to finish the program he had started three years earlier.

FICHA BIBLIOGRÁFICA
TOURNIKIOTIS, Panayotis. Adolf Loos. New York, Princeton Architectural Press, 2002, 196 p.

CONTENIDO DEL LIBRO
8 I. THE ARCHITECT'S ITINERARY
22 II. WRITINGS
23 Is Ornament a Crime?
29 Towards an Architecture without the Avant-Garde
32 III. RENOVATIONS: APARTMENTS, STORES, CAFES
59 IV. INDIVIDUAL HOUSES
59 Principles
75 Houses
116 V. MIXED-USE BUILDINGS AND WORKER'S HOUSING
138 VI. MONUMENTAL BUILDINGS AND LARGE PROJECTS
140 Monuments and Monumental Buildings
158 Utilitarian Buildings
169 VII. LOOS'S ARCHITECTURE: ELEMENTS OF ANALYSIS
172 VIII. THE BIBLIOGRAPHY OF ADOLF LOOS: AN AMBIGUOUS POSTERITY
176 Notes
188 Existing Buildings
191 Illustration Credits
193 Index

lunes, 10 de mayo de 2010

CONVERSACIONES CON... KAHN




LOUIS I. KAHN
Conversaciones con estudiantes
Michael Bell, Lars Lerup (eds.)

Louis I. Kahn mantuvo unas charlas con los estudiantes de la Rice School of Architecture en la primavera de 1968. Un año más tarde, estas conversaciones se reunieron en un libro que, por primera vez, se presenta al lector de lengua castellana. El texto "Luz blanca, sombra negra" introduce su pensamiento y la conversación con los estudiantes, "El diseño conduce a una forma de presencia", lo confronta.

INTRODUCCIÓN (Extracto)
Peter Papademetriou

Han pasado tres décadas desde la primavera de 1968 cuando, un año antes de la primera edición de este texto, Lou Kahn hablaba a sus estudiantes de Rice, a toda una generación. Aquellos muchachos de las fotografías, tan radiantes con sus camisas blancas, sentados bajo el sol de Houston, parecen de una época que el tiempo ha dejado atrás; pero Lou permanece de un modo atemporal.

Alrededor de un año antes habían aparecido dos libros que fueron los textos más oportunos de hace treinta años: New Brutalism (El brutalismo en arquitectura, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1967) de Reyner Banham, y Complexity and Contradiction in Architecture (Complejidad y contradicción en arquitectura, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1995) de Robert Venturi. Aunque ambos estudios confrontaban los supuestos de los arquitectos de la corriente principal de aquellos momentos, y sus posiciones eran divergentes en términos de teoría arquitectónica, tenían un aspecto en común: la significativa inclusión de Lou Kahn, como si su presencia sirviera de puente entre las principales ideologías, y legitimase aspectos de lo que entonces eran puntos de vista provocativos.

Lou Kahn fue el único estadounidense que asistió al CIAM X en Otterlo, y los valores expresados en el trabajo de sus admiradores, el Team X, eran lo más importante que se debía conocer en 1968, cuando me acababa de graduar y era el profesor asistente más joven de la Rice School of Architecture. Hablaban de una actitud más inclusiva de la historia, del carácter local y de la sensibilidad hacia la cultura básica de la sociedad. El colega más joven de Kahn, Robert Venturi, que fue mi director de tesis en Yale en 1968, aportaba estas ideas para sugerir que el paisaje popular estadounidense podía ser aprovechado mientras se reformaba, e incluso analizaba estas ideas con más detalle que Kahn, al observar notables relaciones entre Roma y Las Vegas. Entre paréntesis, quizás sea irónico que la propia arquitectura de Kahn se mantenga alejada del paisaje de Houston en aquella época: nunca construyó un edificio comercial de oficinas, e imaginaba espacios definidos que extendían la conexión entre los edificios y el contexto, hablando proféticamente de "necesidades cívicas" y de cómo "llegaremos a una ciudad sin arquitectura, y ya no será una ciudad".

Lou Kahn abandonó la idea de que la arquitectura debía ser una fuerza activa, tanto en la escala del entorno como en la de la interacción humana; hablaba de "Las instituciones del hombre," o de cómo "los edificios deben estar de acuerdo con su propia naturaleza" o de que "los arquitectos deben aprender que tienen otros derechos... sus propios derechos". Por ello, los edificios deben tener una voluntad, pero se la han de dar los arquitectos: una responsabilidad terrible y un desafío indiscutible.

Este aspecto trascendental de la visión de Kahn fue el que se mantuvo como idea central en su evolución con respecto al proyecto del entorno. La "función" dio paso a las ideas de propósito e intención, y los usos de la historia, en cuanto que representación formal, que constituyeron el centro del debate posmoderno de las décadas de los años setenta y ochenta, fueron superados por la obra de Kahn. Como explica en estas páginas, se puede percibir el pasado vivo, pero no como una cuestión de estilo, sino como un renacimiento y una parte integral del proceso de hacer. Lou Kahn habla de nuevo a través de tres décadas, y sus sensibilidades siguen siendo relevantes para una nueva generación de estudiantes de camisa blanca y de arquitectos; sus valores e ideales permanecen como postulados normativos.

FICHA BIBLIOGRÁFICA
BELL, Michael y Lars Lerup, eds. Louis I. Kahn. Conversaciones con estudiantes. Barcelona, Gustavo Gili, 2006 (Colección Conversaciones con...) 96 p.

CONTENIDO DEL LIBRO
8 Introducción. Peter Papademetriou
13 Luz blanca, sombra negra
39 El diseño conduce a la forma, a la presencia
73 Manos arriba. Lars Lerup
83 Las dos carreras de Louis I. Kahn. Michael Bell

sábado, 8 de mayo de 2010

CASA BARRAGÁN




ESPACIOS MEXICANOS
Once casas contemporáneas

Miquel Adrià

INTRODUCCIÓN

Las casas que aquí se presentan exhaustivamente, son notables ejemplos de la arquitectura residencial mexicana. Se trata de diez casas contemporáneas de reconocidos arquitectos, que reaccionan ⎯activa o pasivamente⎯ ante la casa de don Luis Barragán, emblema de la arquitectura de este siglo y paradigma de la modernidad mexicana. Estas residencias no renuncian a las ventajas espaciales de la tradición mexicana ni al confort de la modernidad. Del maestro asimilan la sobriedad, la amplitud de los espacios y la privacidad respecto al mundo exterior para abrirse al refugio perfecto del hogar. También incorporan la relación ambigua entre interior y exterior, el dominio de la luz y, en algunos casos, el uso del color.

Lejos de la máquina de habitar que profesaba Le Corbusier, del mecanicismo de la Maison de Verre de Pierre Chareau, de la Case Study experimental de Eames, los prototipos dinámicos de Buckminster Fuller o la reciente MaxMin de Smith-Miller+ Hawkinson ⎯por sólo citar algunos ejemplos revolucionarios de la arquitectura doméstica⎯, las casas que aquí se publican no son experimentales ni modelos repetibles. Sus autores, finiseculares, advertidos del peligro al culto a la originalidad, más proclive al cambio que a la mejora, tratan sólo de depurar los modelos vernáculos de casa con patio, desde distintas perspectivas estilísticas.

Si Barragán, desde las formas de la arquitectura popular, se acercó a la modernidad para regresar a sus materiales y colores, destilando abstracción de la tradición, los arquitectos actuales siguen sus pasos. Apuestan más por la casa-refugio que por la vivienda-escaparate, en hábiles combinaciones de geometría y materiales, de cultura y estilos, que van del expresionismo volumétrico del concreto aparente de Teodoro González de León al neovernacular cromático de Legorreta o de Yturbe, pasando por elaborados detalles de acero y madera de López Baz y Calleja. Sólo en algún caso, estas residencias son campo de pruebas o laboratorio del arquitecto, aunque todas ellas son hitos significativos de sus respectivas trayectorias.

LUGAR, CLIENTE, PROGRAMA
Para hacer una casa se necesita un lugar, un cliente ⎯preferiblemente, con dinero⎯ y un programa, al que habrá que añadir el bagaje cultural del arquitecto. Las casas que siguen son mayoritariamente urbanas y cerradas a la calle. Sólo las obras de Legorreta, Aldaco y Kalach se desarrollan libremente y definen una relación con el entorno. Las demás quedan encajonadas entre colindancias, encerrando el programa residencial entre patios. Así, canto las residencias urbanas como las rurales gozan de una relación ambigua y rica entre espacio interior y exterior.

Sin un buen cliente no puede existir un buen proyecto, por lo que no es casual que más de la mitad de los arquitectos sean sus propios clientes y los demás, adinerados propietarios vinculados a la cultura. Lejos de la vivienda-mínima, los programas son amplios y complejos aunque bastante convencionales. Al igual que la estructura, decía Gregotti, los programas residenciales ya no son retos para el arquitecto, por lo que toda propuesta está encaminada a la definición estética y espacial.

FORMA, MATERIAL, COLOR
Las casas urbanas desarrollan el volumen edificado alrededor, o al lado, de un patio sobre el que se vuelcan. Las otras ponen de relieve su carácter centrifugo y expansivo, proponiendo relaciones con los árboles, las vistas o la topografía.

Más que recurrir a técnicas sofisticadas, se recuperan técnicas y materiales populares, hasta en las casas de los arquitectos tecnológicamente más vanguardistas. Al mismo tiempo, la sofisticación y el lujo procederán de los espacios exultantes, de las grandes dimensiones de los elementos arquitectónicos y de los materiales. Los espacios domésticos pintados de Legorreta, de Yturbe, Sordo, Casillas y Aldaco denotan claramente la influencia de Barragán. Los demás dejan que la naturaleza exterior aporte coda la gama cromática sobre las superficies neutras del interior. Salvo en las casas de Broid, Norten y Kalach, la estructura no es evidente, ya que entorpecería los requerimientos formales y escenográficos de sus programas.

Si Barragán conformó espacios mediante la luz, cabe decir que todas las casas expuestas tienen una relación activa con ella. Los parteluces, las pérgolas, las palapas o las dobles fachadas serán los ambiguos elementos de transición entre interior y exterior. Asimismo, siempre en sintonía con el maestro, las casas de Legorreta, Broid, Kalach, de Yturbe o González de León disfrutan del paseo arquitectónico corbusiano, que les confiere una mayor complejidad en movimiento.

PROTEGER, ILUMINAR, COBIJAR
Partiendo de la mímesis de la arquitectura vernácula y de los criterios compositivos académicos, Barragán recorrió todo el camino de la arquitectura moderna hacia la abstracción y la depuración formal, manifiesta en su propia casa, obra maestra de este siglo que se acaba. Las casas que la acompañan en este libro comparten el carácter autobiográfico: son obras de autor, son casas de arquitecto. Unas entienden la casa como concatenación de espacios y patios cotidianos; en otras se busca un espacio ideal, perfecto, platónico. Algunas son para vivir, como la de don Luis Barragán o las de Broid, Aldaco, Kalach, Casillas o González de León. Otras, en cambio, son escenarios para "mostrar" ⎯como las de López Baz y Calleja, Sordo o de Yturbe⎯, donde el ámbito doméstico congelado se activa para eventos sociales. Todas ellas son fieles al carácter tectónico de lo construido y, al mismo tiempo, no renuncian a una visión moderna del espacio dinámico y desmaterializado del Movimiento Moderno. Dentro de esta perspectiva incorporan los materiales e instrumentos tecnológicos que la industria ofrece a la arquitectura ⎯aunque en algunos casos conserven su aspecto popular⎯, haciendo posible la combinación aaltiana entre imaginación, tradición y progreso.

La casa Barragán y las diez casas contemporáneas mexicanas que la acompañan en diálogo permanente, se balancean entre el deseo de pertenencia a la cultura vernácula y/o la tradición, y su compromiso con la modernidad. Nunca mejor que en estos espacios domésticos se cumplen las premisas arquitectónicas que postulaba Louis Kahn: proteger, iluminar y cobijar, para dar vida a la casa mexicana.

FICHA BIBLIOGRÁFICA
ADRIÀ, Miquel. Espacios mexicanos. Once casas contemporáneas. México, Editorial RM, 2005, 206 p.

CONTENIDO DEL LIBRO
9 INTRODUCCIÓN. Miquel Adrià
13 LUIS BARRAGÁN. Casa y Estudio en Tacubaya
29 LÓPEZ BAZ Y CALLEJA. Casa en Las Lomas
43 RICARDO LEGORRETA. Casa en California
67 ISAAC BROID. Casa en Coyoacán
81 MARCO ALDACO. Casa en Las Brisas
97 KALACH Y ÁLVAREZ. Casa en Contadera
113 JOSÉ DE YTURBE. Casa en Las Lomas
133 NORTEN Y GÓMEZ-PIMIENTA. Casa en La Condesa
147 ANDRÉS CASILLAS. Casa en Guadalajara
167 JAVIER SORDO MADALENO. Casa en Tecamachalco
185 TEODORO GONZÁLEZ DE LEÓN. Casa en La Condesa
203 AGRADECIMIENTOS
206 COLOFÓN

miércoles, 5 de mayo de 2010

TEORÍA DE LA ARQUITECTURA (Unwin)


TWENTY BUILDINGS EVERY ARCHITECT SHOULD UNDERSTAND
Simon Unwin

INTRODUCTION (fragmento)

You cannot understand architecture merely by looking at photographs. You cannot understand architecture by only reading words. Yet many books on architecture have only words and/or photographs. The only way to understand architecture is through the medium used in its creation - drawing. Long ago architecture was made by drawing directly on the ground, maybe first with a stick and then by digging trenches' or piling stones into walls. For many centuries architecture was drawn at a small scale on paper before it was built. Now the same happens on computer screens. These are the fields, the grounds -sand, paper, screens- where architects have created and continue to create architecture.

It is not possible to write instructions for how to do architecture without restricting its possibilities, any more than it is possible to write instructions for how to speak without constraining what may be said. When we begin, we learn by attending to and imitating how others (parents, friends, teachers...) do these things. Gradually we find our own voices, in architecture as in language.

Architecture resides in the drawings (and nowadays in the computer-generated models) of buildings. It is here that you can find the intellectual structure given to designs by their architects. It is here that you, as an architect, give form to your own ideas. It is through drawing that you must study and imitate how others do architecture so that you can learn to do it yourself and find your own architectural voice.

In learning to do architecture the study of plans and sections takes precedence even over visiting buildings; though visits to buildings are enjoyable and provide a chance to see how architecture, conceived through the abstraction of drawing, changes the real world and makes places for life. Visiting buildings gives you the best chance to experience architecture in relation to the world of light, sound, setting, people... and to assess the performance of the abstraction when made real. But to understand the underlying architecture of buildings you need to study them through drawing.

Architecture is about changing the world; making it better, more comfortable, more beautiful, more efficient... according to people's aspirations and beliefs. Architects do not deal in truth, they deal in a kind of fantasy (dreams, philosophical propositions, political manifestoes), though sometimes those fantasies are about what they think of as ordinary everyday pragmatism. Architects often try to suggest that their fantasy is the truth of how the world should be. But different architects come up with different answers. And they can become frustrated when the people for whom they design fail to use their buildings in the ways they think they should. Architecture is a matter of proposal and evaluation, call and response. It depends on ideas.

This book is about architectural ideas developed and communicated through drawing. We tend to think of ideas as things we express in words. Architectural ideas are expressed in line, and in sol id and space. They are the intellectual structures (one might call them self-generated 'laws') by which architects conceive and design buildings. In his 1893 essay, 'The Fantastic Imagination' (quoted above), George MacDonald theorized about how to write stories. He suggested that however fantastic and far from natural reality a story might stray, to be plausible it must obey its own (predetermined) laws; to make a story without discipline was like throwing a pile of stones on the ground and calling it a church. MacDonald's use of an architectural metaphor is useful: it is an architectural idea that turns a pile of stones into a church.

MacDonald, Queen Victoria's favourite writer of fairy tales, lived in the nineteenth century. Nowadays we live in times when a pile of stones can be considered a work of art in that merely the decision to throw the stones into a pile or even to leave a found pile of stones undisturbed can be asserted as a generative idea. But the point of MacDonald's parable remains valid: that the creative activity of human beings depends upon the generation and application of ideas that give discipline to their work. This argument holds even if the idea is one of formlessness, indiscipline, mystery, emptiness ... Without an idea nothing, nor even the undisturbed pile of stones, can be said to have form. It is in the mind -the realm of ideas- that architecture comes into being and exists.

FICHA BIBLIOGRÁFICA
UNWIN, Simon. Twenty Buildings Every Architect Should Understand. Oxon, Routledge, 2010, 240 p.

CONTENIDO DEL LIBRO
3 Introduction
7 La Casa del Ojo de Agua
15 Neuendorf House
23 Barcelona Pavilion
43 Truss Wall House
51 Endless House
61 Farnsworth House
81 La Congiunta
91 Le Cabanon
101 Esherick House
109 Maison à Bordeaux [Casa Lemoine]
119 Il Danteum
127 Fallingwater
137 Villa Savoye
149 Kempsey Guest Studio
157 Condominium One, The Sea Ranch
167 Villa E.1027
179 Church of St. Peter, Klippan
191 Villa Busk
201 Villa Mairea
209 Thermal Baths, Vals
217 Endword
222 Acknowledgements
223 Index

martes, 4 de mayo de 2010

RESEÑA (Serapiao)


AS ÚLTIMAS CASAS DE NIEMEYER
Por Fernando Serapião

“O passado é para ser respeitado e não para se copiar.” - Mário de Andrade

Sem dúvida, Oscar Niemeyer é o arquiteto brasileiro cuja obra foi mais documentada em livros. São mais de 50 títulos, sem contar os textos em periódicos ⎯mesmo porque ele criou e dirigiu a revista Módulo, que, em quase todos os seus cem números, contém escritos ou projetos de sua autoria⎯. E grande parte dessas publicações foi realizada com a ativa participação do projetista. [1] Com isso, muitos volumes são aparentados no conceito e na edição de imagens, ou seja, nas escolhas editoriais. Nesse sentido, dois livros recentes, tendo como tema as casas de Niemeyer ⎯um contou com a colaboração dele, o outro não⎯, trazem novidades para os interessados nos trabalhos do mestre do modernismo brasileiro.

Para alguns arquitetos, principalmente os de inclinação marxista, o tema da casa é tabu. Isso porque trata, literalmente, da escala e de assuntos domésticos, que, segundo eles, pouco modificam o futuro da humanidade ⎯pelo contrário, revelam os desejos mais individualistas e personalistas, de proprietários e projetistas. No entanto, via de regra, é nas residências, e não nos prédios de apartamentos, que se tem mais oportunidade de experimentações arquitetônicas. Mas esse lugar ⎯comum não se aplica a Niemeyer⎯ ao menos não em todas as fases de seu trabalho. O fato é que, se as casas dos 20 primeiros anos de sua carreira representaram avanços significativos na sua trajetória, nos últimos 40 anos o arquiteto pouco utilizou a pequena escala para inovações estilísticas.

Nesse aspecto, é natural que só agora, no momento em que ele apresenta mais de 60 anos de carreira e a casa tornou-se um dos temas de maior interesse editorial, sejam publicados dois livros que abordam a relação de Oscar Niemeyer com as moradas. O primeiro, editado no Brasil, intitulado As casas onde morei, foi lançado há pouco mais de um ano pela editora Revan. Trata se de uma obra curiosa, na qual o autor, em tom memorialista, relata fatos prosaicos das edificações onde residiu ⎯projetadas por ele ou não⎯. E, em maio último, ganhou destaque nas livrarias dos Estados Unidos um luxuoso volume ⎯o primeiro com o tema doméstico, dentre as dezenas existentes sobre o projetista carioca⎯ que aborda todas as casas desenhadas pelo arquiteto. Com o título de Oscar Niemeyer houses, o livro, editado pela Rizzoli (de Nova York), tem texto de Alan Hess e fotos de Alan Weintraub.

Segundo Hess escreveu, “o próprio Niemeyer esconde seus projetos residenciais, permitindo que apenas algumas casas ilustrem os inúmeros livros que apresentam seu trabalho, e retira grande parte delas da lista oficial de suas obras”. Pela listagem paralela, realizada por Hess, são 40 as propostas residenciais unifamiliares de Niemeyer. Destas, 12 não foram construídas e três já estão demolidas. Assim, restam de pé 25, das quais 21 foram registradas pela lente de Weintraub. [2]

Sem querer pôr em dúvida a lista do autor norte-americano, de pelo menos quatro ele se esqueceu. Uma é a residência oficial do vice-presidente do Brasil, que ele apenas apresenta na versão não construída, de 1959, esquecendo do Palácio do Jaburu, projetado com a mesma finalidade. As outras são casas de ex-funcionários seus, como a da favela do Vidigal, no Rio de Janeiro, localizada no Caminho da Boa Vista, 119-B; ela foi desenhada para Amaro Paes Filho, motorista particular que acompanhava Niemeyer em suas viagens a Brasília. Com 60 metros quadrados, o projeto foi um presente do arquiteto.

Histórias conhecidas e novidades

Algumas histórias das casas em que Niemeyer morou já eram famosas: há mais de 30 anos, ele vem adotando um tom autobiográfico em seus relatos. Não é difícil encontrar um texto em que ele escreva a respeito da residência de seu avô, onde nasceu e cresceu, nas Laranjeiras, tradicional bairro carioca. Da mesma forma, as narrativas acerca da casa das Canoas também são diversas. Contudo, isso não tira o interesse ⎯quase que meramente biográfico⎯ da publicação As casas onde morei. Em ordem cronológica, o pequeno volume descreve sete moradas: a das Laranjeiras, a de avenida no Leblon, a da rua Carvalho de Azevedo, a de Mendes, a das Canoas, a de Maricá e o apartamento da rua Prudente de Moraes. Sobre a das Laranjeiras, por exemplo, Niemeyer escreve: “Era uma casa assobradada, com seis janelas na fachada e uma extensa varanda a segui-la até o fim. Fora construída para minha mãe, que ocupava com seus seis filhos e a nossa prima Milota o andar superior. No térreo ficava o hall de entrada, ligado ao gabinete do meu avô”.

O livro traz alguns fatos pouco conhecidos. Entre eles, Niemeyer relembra sua segunda morada, depois da de Laranjeiras. Ela é chamada de casa de avenida no Leblon, imóvel alugado em uma vila habitacional composta por oito residências iguais, quatro de cada lado. Era composta por sala, cozinha, banheiro, dois quartos e uma edícula, “um quartinho, onde passei a desenhar”. Não há imagens do local, só imagens realizadas de memória. Também morava naquela vila o muralista Paulo Werneck, autor de célebres painéis da arquitetura moderna brasileira e que Niemeyer relata já conhecer do Partido Comunista. Ele escreve ainda que, entre as visitas que recebia ali, estava Milton Roberto. Seria esse o nascedouro dos murais de Werneck para a Pampulha (1942) e para o edifício Seguradores (1949), dos irmãos Roberto? O livro não se preocupa com a definição precisa de datas, mas a moradia seguinte do arquiteto foi desenhada em 1942. Presume-se, então, que ele tenha desenhado o complexo da Pampulha enquanto residia ao lado da casa de Paulo Werneck.

O enigma do Sacopan

A terceira residência relembrada por Niemeyer é a do Sacopan ⎯a primeira desenhada pelo arquiteto para uso próprio⎯. “Um dia, conversando com o meu amigo João Cavalcanti, resolvemos construir as nossas casas no Sacopan”, ele conta. Nesse ponto, o cruzamento de alguns livros começa a desvendar (ou apresentar) alguns mistérios. Situada na rua Carvalho de Azevedo, a casa de Oscar Niemeyer é quase vizinha da de Cavalcanti (na rua Sacopan), um projeto pouco conhecido do mestre modernista. [3] Aí começa um enigma. Niemeyer relata: “Ele elaborou o projeto da sua casa; fiz o da minha; e João, que era arquiteto e construtor, as construiu”. Será o João o mesmo Cavalcanti da casa projetada por Niemeyer na rua Sacopan? Ou será outro? O fato é que a casa Cavalcanti, datada de 1940, é o primeiro projeto residencial construído de Niemeyer. E apresenta, também pela primeira vez, características peculiares, numa mistura de arquitetura moderna (via Le Corbusier) ⎯nos pilotis, por exemplo⎯ com alguns elementos da arquitetura colonial civil luso-brasileira (via Lucio Costa), como as telhas de barro, os caixilhos de madeira etc. É evidente que a casa Cavalcanti é projeto de Niemeyer ⎯isso não está em dúvida⎯. Mesmo porque, publicada pela primeira vez em 1943, teria havido tempo de sobra para o arquiteto negar a paternidade. Além disso, diversas evidências levam à comprovação da autoria, desde a presença precursora das curvas no volume da garagem até a repetição posterior de alguns de seus elementos, como o muro de pedra, semelhante ao da casa de Francisco Inácio Peixoto, em Cataguases, MG, projetada quatro anos depois.

Hess agrupa a obra residencial de Niemeyer em três fases. [4] Na primeira (de 1936 a 1953), o arquiteto mistura, tal como na moradia inaugural, elementos corbusierianos com raízes da arquitetura luso-brasileira. No entanto, essa combinação por vezes é complexa e não deixa evidente a origem. Dou alguns exemplos: as colunas isoladas das paredes (presentes nas casas Henrique Xavier, M. Passos, Cavalcanti, Oscar Niemeyer, Johnson, Peixoto, Ofair, Moraes Neto, Capanema, Tremaine, Gávea, Miranda e Pignatari) advêm dos pilotis corbusierianos ou das varandas brasileiras? E quanto ao volume único (dascasas Cavalcanti, Lagoa, Johnson, Capanema, Tremaine, Gávea, Pignatari): a simplificação da forma vem do colonial brasileiro ou do movimento moderno? As telhas de barro que cobrem tais volumes é certo que são luso-brasileiras, mas o telhado borboleta (dos projetos M. Passos, Ofair e Kubitschek) é claramente corbusieriano.

Assim, a residência Cavalcanti, apesar de ser a ponta-de-lança executada das casas desenhadas por Niemeyer, não é mostrada nos livros organizados por ele. Nas publicações em que ela aparece, os desenhos são os mesmos: um corte e a planta do pavimento intermediário. Não se conhecem, publicamente, os pisos superior e inferior. Por outro lado, numa das fotos de G. E. Kinder Smith que apresentam a casa da rua Carvalho de Azevedo no livro The work of Oscar Niemeyer, de Stamo Papadaki (de 1950) ⎯mas, curiosamente, não estão presentes no Brazil builds⎯ aparece uma placa de obra, onde é possível ler: “Cavalcanti & Machado/Engenharia, arquitetura e construção/ João Cavalcanti de Bastos Mello”, comprovando realmente que foi ele quem construiu a casa. Talvez Niemeyer tenha se enganado em seu novo texto. Ou quem sabe o Cavalcanti da rua Sacopan seja outro. Os mistérios continuam.

O livro de Hess nada esclarece sobre esse tópico ⎯mesmo porque a casa Cavalcanti é uma das poucas em que a publicação norte-americana não traz novas fotos internas⎯. E as imagens recentes revelam que a casa da Sacopan segue intacta, mesmo que um tanto mal conservada: as únicas mudanças visíveis são o calçamento do piso da entrada de veículos (antes com pedras soltas em meio à grama, agora inteiramente pavimentada, revestida com pedras) e uma calha no trecho mais baixo do telhado. A casa da Sacopan é, sem dúvida, o projeto residencial de Niemeyer mais influenciado por Lucio Costa, que nessa época desenhava uma série de residências parecidas (como a casa Roberto Marinho, de 1937, e a Hungria Machado, de 1942) e influenciava muitos autores.

Por outro lado, a casa Cavalcanti revela as qualidades e os defeitos do livro norteamericano: se foi realizado um esforço tremendo para levar o fotógrafo a 22 casas, em 11 cidades diferentes [5], os desenhos deixam a desejar, uma vez que, em sua maior parte, foram utilizados os de outras publicações. Assim, nos projetos menos conhecidos, faltam plantas e cortes. Isso acontece em mais da metade das casas, entre elas a de Baby Pignatari (1953), a morada de Niemeyer em Brasília (1960), a residência carioca de Carmen Baldo (1969) e a de Ana Elisa Niemeyer (2005).

Casas desconhecidas

O maior mérito do livro de Hess é desvendar as casas recentes ⎯principalmente as que o autor enquadra na terceira fase, que corresponde ao período pós-Brasília⎯. Com maior ou menor intensidade, as residências das outras duas etapas já haviam sido publicadas em livros e revistas dos anos de 1940 a 1960. Nos dois volumes escritos por Papadaki aparecem quase todas as casas do período inicial. Segundo Hess, a favorita de Niemeyer “é uma pequena casa de férias criada para ele mesmo ⎯a modesta reforma de um galinheiro⎯”. Ele está se referindo à casa de Mendes. Construída para veraneio, ela foi demolida e, por isso, escapou ao registro de Weintraub. Sorte semelhante teve a casa de Baby Pignatary. A única de Niemeyer construída em São Paulo, foi demolida pouco depois de fotografada, já em ruínas. Localizada onde hoje está o parque Burle Marx, foi publicada no segundo volume monográfico de Papadaki, Oscar Niemeyer: works in progress (1956). Na comparação entre as duas publicações norte-americanas (que possuem 50 anos de diferença!), percebe-se que a construção pouco lembra o projeto publicado. Mas se há poucas novidades sobre as residências antigas (a não ser a revelação de seu atual estado de conservação [6]), elas são muitas quando se trata das casas novas, sobretudo do último período. Em Belo Horizonte, além da casa de JK (cujo croqui está rasurado na área onde foi feito um acréscimo), existe também a de Alberto Dalva Simão (1954), uma variação pouco conhecida da casa das Canoas.

Também pouquíssimo divulgada é a morada de Niemeyer em Brasília (1960). Sete anos depois de Canoas, curiosamente, o arquiteto construiu para si uma casa inspirada nas sedes de fazenda. Aqui, cabe uma mirada no outro volume, o editado no Brasil. Nele há fotos da casa de Maricá, que Niemeyer ganhou de presente do amigo Horácio de Carvalho e recuperou. “Uma bela casa. A varanda larga a completar as salas, convidando-nos a ficar nela com freqüência”, relata. Teria a convivência com a casa de Maricá aguçado a sensibilidade de Niemeyer para a ligação entre o modernismo local e o período colonial? Ao que consta, o arquiteto não teve convívio estreito com construções rurais. Mas, sempre que pode, valoriza esse tipo de arquitetura ⎯em um dos memoriais do projeto do auditório do Ibirapuera, já nos anos 1990, por exemplo, escreve: “uma arquitetura pura, simples, como nossas velhas lembranças coloniais” ⎯. Por outro lado, sempre repete que gostaria de acabar seus dias em Maricá: “Não sou filho do rei, nem vou para Pasárgada, mas um dia, repetindo Bandeira, vou viver em Maricá”, confessa Niemeyer no livro da Revan.

Voltando às casas pouco conhecidas, o volume da Rizzoli traz duas obras de Niemeyer no exterior. Na casa Strick (1964), em Santa Monica, Califórnia, as vigas da cobertura diferem da maior parte da produção do arquiteto. A residência em Cap Ferrat, França, foi desenhada em 1968 para a família Mondadori, proprietária da editora italiana de mesmo nome, cuja sede em Milão foi criada pelo brasileiro. Há ainda outras moradias pouco divulgadas, como as de Flávio Marcílio (1973), Carlos Miranda (1983), Darcy Ribeiro (1983), Sebastião Camargo (1985), Amaral Rezende (1985) e Orestes Quércia (1990).

O presente de Pedregulho

Dentre estas, a que causa mais perplexidade é a de Quércia (ex-governador de São Paulo e mecenas de Niemeyer), quase uma réplica da casa-grande colonial. À primeira vista, parece que o arquiteto reformou uma sede de fazenda; mas texto e desenhos revelam que ela foi criada do zero. A residência de Pedregulho, interior de São Paulo, cidade natal do político, foi projetada em 1990 e possui quatro águas e varanda frontal. Em certa medida, ganha significado diverso, por estar no meio rural. Por outro lado, a colunata possui matriz clássica. A capela e a rampa de acesso, por sua vez, revelam os cacoetes do autor, naquela época quase nonagenário. A segunda, frontal, é sinuosa, generosa e longa; a primeira, singela, tem cobertura inclinada.

Estaria Niemeyer, assim como Lucio Costa, voltando ao neocolonial? O que pretende nos dizer com o projeto? É certo que ele não fez questão nenhuma de divulgá-lo: a maior parte dos pesquisadores já ouvira falar da casa, e algumas fotografias foram publicadas na grande imprensa, na época da construção, mais por ser de quem é do que pelas qualidades arquitetônicas. Ao que consta, o arquiteto deu o projeto de presente para Quércia ⎯assim como fez com as casas de seus funcionários e de Mondadori⎯.

Assim, vistos juntos, os livros publicados pelas editoras Revan e da Rizzoli nos revelam uma outra face de Niemeyer: a daquele que, depois de ter feito uma revolução na arquitetura, quer terminar seus dias numa confortável casa colonial. “Não sou filho do rei, nem vou para Pasárgada, mas um dia vou viver em Maricá”, confessa o arquiteto, ao se referir a sua casa colonial.

Notas:
[1] A editora Revan publica grande parte dos livros sobre Niemeyer -como A forma na arquitetura (1978), As curvas do tempo (1998) ou Minha arquitetura (2000).
[2] As que escaparam às lentes do fotógrafo são a Herbert Johnson (1942, Fortaleza), o Alvorada (1956) e a casa de campo de Carmen Baldo (1963, Teresópolis).
[3] A primeira publicação da casa Cavalcanti está no Brazil builds, de 1943. Depois, aparece em Arquitetura moderna no Rio de Janeiro, de Alberto Xavier, Alfredo Britto e Ana Luíza Nobre, editora Pini, 1991.
[4] Os três períodos são: de 1936 a 1953; de 1953 a 1961; e de 1961 a 2005.
[5] As 22 casas se distribuem, geograficamente, nas seguintes cidades: oito no Rio de Janeiro; quatro em Brasília; duas em Belo Horizonte; e uma em São Paulo, Cataguases (MG), Pedro do Rio (RJ), Maricá (RJ), Ilhabela (SP), Pedregulho (SP), Santa Monica (EUA) e Cap Ferrat (França).
[6] Na casa da Lagoa, há muitas mudanças. Algumas aberturas, como a da fachada principal, foram fechadas com tijolos de barros, assentados de forma trançada, formando um painel vazado. A singeleza da cobertura inclinada, sem beirais laterais e com as telhas aparecendo, foi modificada. O toldo que amenizava o sol na varanda foi trocado por uma proteção permanente. Já na casa das Canoas, as fotos novas revelam que: o piso externo da plataforma foi trocado; foram substituídos os muros de elemento vazado que ocupavam dois trechos externos junto à laje sinuosa; e o jardim interno sobre a escada foi suprimido.

Publicada originalmente em PROJETODESIGN
Edição 318 Agosto de 2006