
Cornwall, Connecticut, Estados Unidos, 1972
Propietarios: Suzanne y Dick Frank
Arquitecto: Peter Eisenman
TEXTO DE COLIN DAVIES
Existen dudas acerca de si la casa VI puede ser considerada propiamente una casa, entendiendo por tal un edificio proyectado para vivir en él. Representa la culminación de la primera fase creativa de la carrera de Peter Eisenman, durante la cual desarrolló una arquitectura casi puramente conceptual. Sus primeras casas estaban compuestas por lo que él llamaba "universales formales", que no poseían significado en sí mismos y que nada tenían que ver con conceptos ordinarios tales como función y contexto, aunque sin embargo eran esencialmente arquitectónicos. Para Eisenman, la casa VI ni siquiera es realmente un objeto, en el sentido de final de un proceso. Más bien es un registro de un proceso. Ese proceso es una especie de juego en el que una combinación de universales formales se transforma y se vuelve compleja por una secuencia de movimientos guiados por reglas no escritas. Planos rectangulares, vacíos cúbicos y elementos lineales (no hay que decir "muros", "habitaciones" o "pilares") son desplazados, divididos, duplicados, sustraídos, girados y alargados, paso a paso, hasta que el arquitecto decide que el proceso ya ha ido suficientemente lejos, momento en el cual la composición resultante recibe el nombre de casa.
Y alguien tiene que vivir en ella; en este caso, los neoyorquinos Suzanne y Dick Frank, una historiadora del arte y un fotógrafo, quienes le encargaron una casa para los fines de semana. Su experiencia ha sido narrada con detalle, de manera fascinante y, en ocasiones, hilarante, en el libro de Suzanne Frank: Peter Eisenman's House VI: The Client's Response, publicado en 1994.
Cuando se les mostró el primer boceto de la casa, los Frank se mostraron básicamente comprensivos respecto a los objetivos artísticos de Eisenman. Estuvieron dispuestos a aceptar, incluso de muy buen grado, el punto focal de la casa, que era una conjunción de dos escaleras. Una, que iría pintada de verde, consistiría en un tramo recto de peldaños que daría acceso al primer piso, de una forma que podríamos calificar de normal. La otra; en ángulo recto respecto a la primera y que se pintaría de rojo, comunicaría el primer piso con la cubierta, pero sería inutilizable porque estaría boca abajo. Sin embargo, a los Frank no les gustó tanto el hecho de que Eisenman sólo les proporcionara un pequeño dormitorio, pero que, en cambio, hubiera proyectado el espacio de estar de la planta baja de doble altura. Les pareció un derroche de espacio. La doble altura de la sala de estar tendría que desaparecer. Eisenman transigió de mala gana con esta pérdida, pero la compensó eliminando partes del forjado junto a las escaleras, para crear conexiones visuales entre los dos niveles. Más polémica fue su insistencia en que el nuevo dormitorio sobre la sala de estar tenía que tener una rendija abierta en medio del suelo.
Sorprendentemente, a los Frank les pareció bien la idea, y cambiaron su cama de matrimonio por dos camas individuales, para conservar la pureza conceptual del proyecto. Análogamente, aunque insistieron en que tenía que haber espacio suficiente para colocar una mesa de comedor para seis personas, tuvieron que aceptar la presencia de un pilar intruso, "como si fuera un comensal más". Los detalles prácticos ordinarios en una casa también quedaron un poco olvidados en la construcción de esta. La estructura básica consiste en el típico esqueleto de madera americano estándar, revestido de madera, contrachapada enlucida, pero los detalles de Eisenman eran demasiado optimistas y el constructor no estaba preparado para la complejidad de los ensamblajes. Como resultado, los revestimientos se agrietaron, aparecieron goteras en la cubierta y la madera empezó a pudrirse. Cuando procedieron a realizar algunas modificaciones visibles con el objetivo de mantener el interior seco, los Frank fueron acusados de vandalismo cultural. Pues bien, aun así, y a pesar de los juicios que tuvieron que soportar, los Frank permanecieron leales a la casa y continuaron gozando de sus especiales cualidades: la cálida luz natural matizada por una combinación de ventanas, claraboyas y paneles traslúcidos "Kalwall", las apasionantes vistas interiores, y la suprema elegancia de la forma externa.
El texto de Davies en Casas paradigmáticas del siglo XX, de la editorial Gustavo Gili.












