lunes 8 de febrero de 2010

CASA KAUFMANN DEL DESIERTO




CASA KAUFMANN
"Casa del desierto"

Palm Springs, California, 1946
Propietarios: Liliane y Edgar J. Kaufmann
Arquitecto: Richard Neutra

TEXTO DE BÁRBARA LAMPRECHT

Una década después de que Edgar Kaufmann contratara a Frank Lloyd Wright para diseñar la famosa Fallingwater en Bear Run, el mismo Kaufmann quiso construirse una casa en la Costa Oeste. Como Taliesin West ⎯el estudio veraniego de Wright situado en plena Arizona⎯ no le impresionó especialmente, se dirigió a Richard Neutra de quien esperaba un proyecto igualmente brillante pero más "ligero". Sin embargo, este "paisaje lunar" como Neutra lo llamaba, está dominado por la "Casa Kaufmann del Desierto" (de 300 m2 y 348,000 dólares de costo), un gran logro de la arquitectura moderna, con el aspecto de un avión de planta que acabara de aterrizar sobre una alfombra verde sujetada por unos pocos bloques de piedra, meticulosamente colocados.

El desierto o, mejor dicho, esta superficie salvaje y primigenia que se extiende alrededor de Palm Springs, fascinaba a Neutra. Su libro de 1927 terminaba con imágenes de casas de los indios pueblo de Nuevo México y Arizona, que elogiaba por tener sus habitaciones superpuestas, con terrazas en el tejado, y por la capacidad del ladrillo de barro de resistir las inclemencias del clima. A pesar de la pulcra precisión de la Casa del Desierto, ésta evoca el espíritu de las casas de esas tribus indias, que él tanto admiraba. Aunque tanto la Fallingwater como la Casa Kaufmann comparten un uso de la mampostería de piedra y de una ingravidez flotante, Neutra resaltó su distancia arquitectónica frente a Wright, diciendo que sus edificios "se hacían, en lugar de crecer"; él "insertaba" la casa ante este áspero telón de fondo. Descansaba sobre "cimientos" que, unidos a la obra de arte y al clima artificial, subrayaban "el tiempo, la luz blanca de la luna y el cielo estrellado".

Como en otros de sus proyectos pioneros de la década de 1940, aquí los volúmenes se disuelven de una manera relajada en el lugar, sin renunciar a la tensión de sus obras anteriores. En cambio, Casa Kaufmann destila espacio en los planos horizontales plateados que se deslizan por encima del vidrio transparente. La única verticalidad pronunciada es la chimenea situada al lado de la "glorieta", como Neutra la llamaba. Al igual que en su propia casa, Neutra esquivó hábilmente la prohibición de edificar una segunda altura, eliminando las paredes de la glorieta, excepto para la chimenea y para las láminas verticales de aluminio. Desde un punto de vista estético, estas definen un plano diáfano; desde uno puramente funcional, actúan de escudo contra el viento. Neutra también hizo excavar los cimientos y consiguió los permisos justo antes de que se ordenara detener la construcción como consecuencia de la escasez de materiales durante la posguerra.

El croquis de la planta de cuatro alas, realizado por Neutra, revela mas contrastes: el jardín penetra casi inadvertidamente, con suaves oscilaciones, en toda la casa dispuesta en ángulo recto, mientras que los frecuentes vientos y tormentas del norte de Palm Springs se representan con el sombreado de líneas diagonales. Esto anima el plano, pero también refleja la realidad: los vientos del noreste son impecables, y aún hoy, a pesar de las mejoras, de las persianas y de las paredes sólidas, arrastran hasta el interior de la casa todo lo que encuentran. Aunque tener tanto vidrio desprotegido en la parte sur de una vivienda ubicada en medio del desierto pueda parecer una locura, esto se debe a que la casa sólo iba a utilizarse un mes al año, en enero. Ciertamente, el plan de Neutra, una extroversión en el paisaje, debe mucho a Wright. Con el espacio destinado a vivienda en el centro, la planta de cruz garantiza que las cuatro alas reciban tanto luz diurna como una buena ventilación. Con todo, al terminar los dormitorios y patios en espiral, revelan un orden social específico. Se garantiza una intimidad "extrema" tanto a los anfitriones, como a los niños, al servicio y a los invitados. La única convivencia entre ellos se da en los sombreados pasillos, en las terrazas y patios exteriores. Las persianas que flaquean el largo estanque oscuro conectan el ala de invitados con el resto de la casa.

Para dar un mayor realce a la famosa cualidad "flotante" del diseño, el sistema estructural combina la madera y el acero y vidrio se deslizan hacia fuera, hacia el sureste, mientras que la construcción de cubierta y soportes de la que cuelgan las paredes corredizas se desplazan espacialmente la casa con esta. Este "brazo radial" se convirtió en el sello característico de Neutra: es la "pata araña", el cordón umbilical que fusiona el espacio y el edificio. Otro contraste se manifiesta en los materiales: la piedra neutra de Utah, que Neutra utilizó en los exteriores y en los interiores crea un vivo efecto de claroscuro que se diferencia de la lisura en los demás acabados. No obstante, la piedra está cuidadosamente cincelada, tanto en la casa original ⎯para la que Neutra adiestró a los albañiles que habían trabajado en Fallingwater, a quienes Kaufmann había hecho venir⎯ como en la restauración llevada a cabo por los nuevos propietarios a mediados de la década de 1990 y que duró cinco años.

En los canalones del sur destaca un bello detalle. En su extremo oriental, las estrechas franjas continúan un tramo, de modo que el excedente del agua de lluvia puede fluir hacia el este y caer sobre las rocas. Las gárgolas son un elemento arquitectónico conocido tanto en jardines japoneses como en las catedrales medievales. Neutra las moderniza y las convierte en un "salto del agua" que es un homenaje a la lejana Fallingwater de Bear Run.

El texto de Bárbara Lamprecht en Neutra de editorial Taschen.

sábado 6 de febrero de 2010

CASA SCHRÖDER




CASA SCHRÖDER
Utrecht, Holanda, 1924
Propietaria: Truus Schröder
Arquitecto: Gerrit Thomas Rietveld

TEXTO DE MARIJKE KUPER

Esta casa fue proyectada por Rietveld en 1924, en colaboración con su clienta Truus Schröder, una joven viuda que deseaba una casa para ella y sus tres hijos pequeños de 12, 11 y 6 años de edad. La casa se construyó ese mismo año en un solar que para entonces estaba ubicado en las afueras de Utrecht. La casa se desarrolla en dos plantas y su cubierta es plana, la planta baja alberga un vestíbulo, un pequeño estudio, un estudio-taller, una cocina-comedor y la habitación de servicio. La planta alta es abierta y flexible; puede dividirse mediante particiones correderas de madera para crear un distribuidor, tres dormitorios, un baño y una sala estar. Las particiones tienen partes con bisagras que funcionan como puertas.

Aunque la casa tiene el aspecto de un edificio moderno de hormigón armado, de hecho se construyó utilizando una combinación de materiales modernos y otros relativamente tradicionales. Los cimientos están formados por bloques de hormigón, con vigas de hormigón armado apoyados sobre ellas. Siete pilares de hormigón armado soportan las cargas del forjado superior. Se añadieron vigas de acero en I para soportar la cubierta y los balcones. Las losas del balcón y sus antepechos son de hormigón armado, pero no así las paredes. La estructura de hormigón y acero se rellenó con fábrica de ladrillo. Las paredes interiores también son de ladrillo, toda la fábrica de ladrillo, tanto en el exterior como en el interior, se revistió con mortero de cemento portland. La puerta y los marcos de las ventanas son de madera. El proyecto de la casa Rietveld desafía prácticamente cualquier tradición. Las tres fachadas visibles tienen igual importancia y recibieron la misma atención en su diseño. Cada una de ellas tiene una distribución asimétrica, tanto aisladamente como en relación a las demás, las fachadas presentan una alternancia armoniosa y rítmica de superficies abiertas y siegas. No da la impresión de que sean paredes macizas que se han perforado para permitir la entrada de luz y la ventilación, si lo que se muestra como composiciones de elementos planos que, alternativamente, son permeables o impermeables a la luz y al aire. En lugar de ajustarse a un único plano, los elementos rectangulares que conforman cada fachada se retranquean o sobresalen del plano implícito y sobrepasan también sus límites.

Los espacios interiores y exteriores fluyen suavemente entre si. La impresión general es que se trata de un objeto con gran plasticidad donde las líneas y los planos se superponen y deslizan unos sobre otros. La forma dislocada que Rietveld confirió a la casa fue un intento de expresar aquello que el consideraba como la esencia de la arquitectura, es decir, el espacio. En lugar de tratar el edificio como una caja cerrada que separa el exterior del interior, lo considero con relación a y como parte del espacio en su conjunto. En la Rietveld-Schroeder, el arquitecto consiguió llevar acabo su idea tanto desde el punto de vista materia como visual, y de una manera muy detallada. Se aprovecho cada posibilidad de crear una arquitectura abierta y extrovertida, el emplazamiento de la casa fue un aspecto importante del proyecto. La casa Rietveld Schroeder, ocupa el último solar del límite de la ciudad por el este. El terreno estaba un poco mas elevado que el polder del entorno, de modo que desde la cocina y la sala de estar se podía disfrutar de vistas sobre todos los prados y los árboles. El entorno se ha transformado desde entonces; la ciudad he crecido y en lugar de encontrarse ligeramente elevada actualmente la casa ha quedado hundida tras la pendiente del muro de contención de una autopista.

Los colores que se utilizaron en el interior y el exterior de la casa son uno de los elementos más sorprendentes. Ni la madera, ni la fábrica de ladrillos, ni al acero se dejaron sin pintar, y sólo se ven líneas y planos rojos, amarillos, azules, blancos, negros y grises. En el exterior, los elementos rectangulares de la fachada tienen un acabado blanco o de distintos tonos de gris, y tanto las puertas con sus marcos y los marcos de las ventanas, así como los elementos vistos de acero. Se pintaron de negro. El rojo, el amarillo y el azul se utilizan para resaltar ciertos elementos lineales, como las vigas en I y algunos marcos de puertas y ventanas. Como en el caso del mobiliario diseñado por Rietveld, donde la superficie natural de la madera se ocultaba totalmente, y los elementos estructurales se pintaban con un código de color de acuerdo a su función, en esta ocasión los elementos de límites se establecen mediante el color. En el interior los colores primarios también aparecen, en las superficies rectangulares. Rietveld varió los colores dependiendo del tamaño de la habitación, y del nivel de iluminación natural, y también para resaltar la imagen global. La transparencia y la naturaleza expansiva de todos los elementos característicos de la arquitectura de Rietveld en general, y de esta casa en particular. El proyecto llevó desde un principio el sello de Truus Schröder, quien planteó una seria de peticiones concretas. Por ejemplo, prefería una sala de estar en la primera planta en lugar de en la planta baja y que las habitaciones estuvieran agrupadas alrededor del vestíbulo.

Treinta y cuatro años después de que se construyese la casa, Theodore M. Brown, autor de la monografía The Work of G. Rietveld, Architect (The MIT Press, Cambridge [Mass], 1958), escribió lo siguiente acerca de lo que tanto Rietveld como Truus Schröder denominaron colaboración: “Rietveld proyectó la forma general de la casa, decidió los colores y trabajó en el proyecto (a veces con sus propias manos) hasta el último detalle. Es cierto que Truus Schröder colaboró con él en el diseño del interior, insistiendo en la transparencia y la flexibilidad”.

Aparte de la influencia en el proyecto de Truus Schröder a través de sus peticiones concretas, hay que reconocer que también obligó a Rietveld a reflexionar acerca del espacio arquitectónico con relación a su función de espacio habitable doméstico. Vivir en la casa Rietveld- Schröder exigía una actitud activa. Su interior está diseñado para que los ocupantes realicen cada una de las funciones (ya sea bañarse, dormir o comer) de forma cuidadosa. Para realizar una acción es necesario trabajar: crear un baño y un dormitorio abriendo o cerrando las particiones correderas, desplegar el sofá y convertirlo en una cama; abrir la mesa plegable. Y todo ello debe hacerse siguiendo cierto orden lógico, ya que de otra forma una u otra pieza del mobiliario plegable impedirá el uso de alguna de las particiones correderas o viceversa. El tamaño de los espacios depende del tiempo que el ocupante para en ellos. Los dormitorios pueden fundirse con la sala de estar durante el día. Los espacios que se usan relativamente poco se combinan: por ejemplo, la cocina-comedor o el pasillo-escalera. Se integra parte del mobiliario en la arquitectura, pero las piezas de mobiliario exentas son, en cualquier caso, flexibles y móviles. Se satisface lo esencial y se excluye lo superfluo. La casa ofrece lo suficiente, pero nunca demasiado. Quien espere que ofrezca únicamente un alojamiento espontáneo se equivoca. Se construyó con instalación eléctrica, calefacción central, agua fría y caliente, tomas de teléfono e incluso un lavavajillas, servicios que en esa época constituirán una excepción.

En 1925 Rietveld montó la oficina de su recién creado estudio de arquitectura en la casa. La habitación de la planta baja que estaba ubicada en el lado de la casa que daba a la calle Prins Hendriklaan y un pequeño espacio adyacente albergaban su estudio hasta que se trasladó a unas instalaciones nuevas en 1933. Tres años después, cuando los tres hijos de la señora Schröder ya no vivían en la casa, Rietveld alteró la distribución a petición de la propietaria para que pudiese vivir en la primera planta. Su antiguo dormitorio en la parte trasera de la casa se convirtió en una despensa, procedió a alquilar la planta baja. Schröder continuó viviendo en ella hasta su muerte en 1985. Después se reconstruyó el interior de la casa que prácticamente se restituyó a su estado en 1924.

Texto de Marijke Kuper en 2G. Revista Internacional de Arquitectura. Gerrit Th. Rietveld. Casas, nº 39-40, de editorial Gustavo Gili.

miércoles 3 de febrero de 2010

HOMENAJE A...




ALVAR AALTO
3 de febrero de 1898

Hugo Alvar Henrik Aalto (Kuortane, 3 de febrero de 1898 - Helsinki, 11 de mayo de 1976) fue un arquitecto y diseñador de muebles finlandés. Estudió arquitectura en lo que ahora es la Universidad Politécnica de Helsinki. Después de graduarse en 1921 realizó un dilatado viaje de estudios por Europa. En 1923 abrió su propio despacho de arquitectura en una ciudad pequeña, el cual trasladó en dos ocasiones, la segunda a Helsinki. En 1925 contrajo matrimonio con Aino Marsio, quien fue su colaboradora. En 1928 fue nombrado miembro del Congreso Internacional de Arquitectura Moderna. Más adelante se trasladó a los Estados Unidos, donde fue profesor de arquitectura en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts, el MIT por sus siglas en inglés, en Boston. Las obras de Aalto se integran con armonía en el paisaje, formando con éste un conjunto arquitectónico. La madera y el ladrillo fueron sus materiales preferidos. Seguidor convencido del funcionalismo y de la arquitectura orgánica, fue uno de los primeros y más influyentes arquitectos del Movimiento Moderno escandinavo. A lo largo de su carrera, Aalto diseñó 200 proyectos, de los que se realizaron la mitad. Además de arquitecto, Aalto fue también diseñador y creó los muebles para la mayoría de sus edificios. En 1935 fue, junto con su esposa, co-fundador de la empresa de muebles Artek. Allí diseñó la primera silla apoyada en una estructura de madera autoportante, que fue patentada. Una de sus piezas clásicas es el jarrón Aalto, también llamado Savoy.

Información obtenida en Wikipedia.

lunes 1 de febrero de 2010

BIOGRAFÍA DE OSCAR NIEMEYER




OSCAR NIEMEYER
Marcos Sá Corrêa

FICHA BIBLIOGRÁFICA
SÁ CORRÊA, Marcos. Oscar Niemeyer. Río de Janeiro, Relume, 2005, 184 p.

CONTENIDO DEL LIBRO
9 O quarto
53 A casa
89 A cidade
121 O mundo
151 O alfa o Omega
177 O autor

sábado 30 de enero de 2010

CASA VI (FRANK)




CASA VI (FRANK)
Cornwall, Connecticut, Estados Unidos, 1972
Propietarios: Suzanne y Dick Frank
Arquitecto: Peter Eisenman

TEXTO DE COLIN DAVIES

Existen dudas acerca de si la casa VI puede ser considerada propiamente una casa, entendiendo por tal un edificio proyectado para vivir en él. Representa la culminación de la primera fase creativa de la carrera de Peter Eisenman, durante la cual desarrolló una arquitectura casi puramente conceptual. Sus primeras casas estaban compuestas por lo que él llamaba "universales formales", que no poseían significado en sí mismos y que nada tenían que ver con conceptos ordinarios tales como función y contexto, aunque sin embargo eran esencialmente arquitectónicos. Para Eisenman, la casa VI ni siquiera es realmente un objeto, en el sentido de final de un proceso. Más bien es un registro de un proceso. Ese proceso es una especie de juego en el que una combinación de universales formales se transforma y se vuelve compleja por una secuencia de movimientos guiados por reglas no escritas. Planos rectangulares, vacíos cúbicos y elementos lineales (no hay que decir "muros", "habitaciones" o "pilares") son desplazados, divididos, duplicados, sustraídos, girados y alargados, paso a paso, hasta que el arquitecto decide que el proceso ya ha ido suficientemente lejos, momento en el cual la composición resultante recibe el nombre de casa.

Y alguien tiene que vivir en ella; en este caso, los neoyorquinos Suzanne y Dick Frank, una historiadora del arte y un fotógrafo, quienes le encargaron una casa para los fines de semana. Su experiencia ha sido narrada con detalle, de manera fascinante y, en ocasiones, hilarante, en el libro de Suzanne Frank: Peter Eisenman's House VI: The Client's Response, publicado en 1994.

Cuando se les mostró el primer boceto de la casa, los Frank se mostraron básicamente comprensivos respecto a los objetivos artísticos de Eisenman. Estuvieron dispuestos a aceptar, incluso de muy buen grado, el punto focal de la casa, que era una conjunción de dos escaleras. Una, que iría pintada de verde, consistiría en un tramo recto de peldaños que daría acceso al primer piso, de una forma que podríamos calificar de normal. La otra; en ángulo recto respecto a la primera y que se pintaría de rojo, comunicaría el primer piso con la cubierta, pero sería inutilizable porque estaría boca abajo. Sin embargo, a los Frank no les gustó tanto el hecho de que Eisenman sólo les proporcionara un pequeño dormitorio, pero que, en cambio, hubiera proyectado el espacio de estar de la planta baja de doble altura. Les pareció un derroche de espacio. La doble altura de la sala de estar tendría que desaparecer. Eisenman transigió de mala gana con esta pérdida, pero la compensó eliminando partes del forjado junto a las escaleras, para crear conexiones visuales entre los dos niveles. Más polémica fue su insistencia en que el nuevo dormitorio sobre la sala de estar tenía que tener una rendija abierta en medio del suelo.

Sorprendentemente, a los Frank les pareció bien la idea, y cambiaron su cama de matrimonio por dos camas individuales, para conservar la pureza conceptual del proyecto. Análogamente, aunque insistieron en que tenía que haber espacio suficiente para colocar una mesa de comedor para seis personas, tuvieron que aceptar la presencia de un pilar intruso, "como si fuera un comensal más". Los detalles prácticos ordinarios en una casa también quedaron un poco olvidados en la construcción de esta. La estructura básica consiste en el típico esqueleto de madera americano estándar, revestido de madera, contrachapada enlucida, pero los detalles de Eisenman eran demasiado optimistas y el constructor no estaba preparado para la complejidad de los ensamblajes. Como resultado, los revestimientos se agrietaron, aparecieron goteras en la cubierta y la madera empezó a pudrirse. Cuando procedieron a realizar algunas modificaciones visibles con el objetivo de mantener el interior seco, los Frank fueron acusados de vandalismo cultural. Pues bien, aun así, y a pesar de los juicios que tuvieron que soportar, los Frank permanecieron leales a la casa y continuaron gozando de sus especiales cualidades: la cálida luz natural matizada por una combinación de ventanas, claraboyas y paneles traslúcidos "Kalwall", las apasionantes vistas interiores, y la suprema elegancia de la forma externa.

El texto de Davies en Casas paradigmáticas del siglo XX, de la editorial Gustavo Gili.

CASA VENTURI




CASA VENTURI
Chestnut Hill, Philadelphia, Penssylvania, Estados Unidos, 1962-1964
Propietaria: Vanna Venturi (madre del arquitecto)
Arquitecto: Robert Venturi

TEXTO DE RICHARD WESTON

Construida para su madre, esta casita constituyo la demostración practica de las ideas publicadas en 1966 por Robert Venturi en su corto pero muy influyente libro Complejidad y contradicción en la arquitectura, un ingenioso y polémico ataque contra lo que Venturi llamaba la “arquitectura moderna ortodoxa” del “menos es mas” de Mies van der Rohe. “Menos es aburrido”, declaraba Venturi, y en su defensa a favor de la complejidad, la ambigüedad perceptiva y la inclusividad del “tanto uno como otro, en vez del “uno u otro o ninguno”, recurrió eclecticamente a la historia de la arquitectura. Partidario de lo impuro frente a lo puro, fue ampliamente percibido como contrario a la arquitectura moderna. Sin embargo, Le Corbusier y Alvar Aalto ocupaban un lugar destacado en su panteón arquitectónico y la influencia de Louis I. Kahn, en cuyo despacho trabajo, resulto decisiva.

Con su perfil en hastial y su simetría, su gran chimenea central, su puerta central y sus ventanas a ambos lados, el proyecto se ajusta a lo que comúnmente se espera de una casa dibujada por un niño, al tiempo que se aleja de la maquina de habitar moderna. Es también resueltamente compleja y contradictoria. El hastial esta partido por la mitad y la hendidura descansa en un dintel a través del cual Venturi ha delineado el trazo ⎯el "signo"⎯ de un arco. No hay dos ventanas iguales: a la derecha huecos cuadrados perforan el muro, mientras que a la izquierda una ventana corrida a lo Le Corbusier se desliza hasta la esquina, abundando en el desequilibrio iniciado por el corte central. Este ultimo constituye un gesta manifiestantemente manierista, pero es de sospechar que deriva en realidad de las viviendas de Luigi Moretti en Parioli, Roma, mas que de otras fuentes mas antiguas (una fotografía de esta obra de Moretti aparece en su Complejidad y contradicción en la arquitectura).

La simetría se afirma y se niega de nuevo en la fachada que da al jardín. Las tres aberturas calculadamente diferentes responden de modo directo a los distintos requerimientos interiores, “funcionales”, como muchos edificios de estilo internacional a menudo no eran. Las complejidades del exterior reflejan la notable y a veces algo artificial sutileza de la planta. Una vez más, la simetría se afirma para más tarde socavarse; Venturi empleaba el término “acuerdo” para referirse a la adaptación a los requerimientos funcionales que proporcionaban la justificación de muchas de las decisiones. Como en las casas de Wright o de Lutyens la planta se organiza alrededor de una chimenea que actúa como foco. En la fachada principal, la cocina equilibra un dormitorio, aunque no perfectamente, y la chimenea y la escalera parecen pugnar por la supremacía en el centro de la composición. La escalera es mas amplia en su base que en su parte superior, como corresponde a la transición entre la planta baja “publica” y el primer piso “privado”, y donde un muro inclinado, que amplia el paso del porche de entrada para permitir la colocación de una puerta doble, la corta. En tres de las cuatro esquinas, unos retranqueos y un porche dejan al descubierto la delgadez de los muros de entramado de madera, semejantes a láminas de cartón, dando a las fachadas anterior y posterior el aspecto de pantallas, un efecto que Venturi refuerza rematándolas con parapetos para enfatizar su naturaleza de “frentes” estratificados.

Desde sus ventanas aproximadamente cuadradas de cuatro hojas, y su recurso al ornamento “prohibido”, como los zócalos y los arcos decorativos, hasta las simetrías distorsionadas, la fascinación por los simbolismo y la elemental reinterpretación de clasicismo, la casa Vanna Venturi anticipa muchos de los motivos e intereses que habían de surgir en el ámbito de la arquitectura a lo largo de los dos décadas siguientes. A pesar de su pequeño tamaño, ésta iba a convertirse en el icono quizá más poderoso del postmodernismo arquitectónico.

El texto de Weston en Edificios claves del siglo XX, de la editorial Gustavo Gili.

jueves 28 de enero de 2010

HISTORIA DE LA ARQUITECTURA




UNA MIRADA A LA ARQUITECTURA MEXICANA DEL SIGLO XX
Enrique X. de Anda Alanís

FRAGMENTO DE LA INTRODUCCIÓN

Este libro es una recopilación de ensayos escritos a lo largo de más de veinte años (el más antiguo data de 1980), cuyo propósito común fue difundir algunas ideas elaboradas en torno a problemas históricos y artísticos de la arquitectura mexicana del siglo XX. Por lo tanto, la lectura puede ser selectiva, sin necesidad de abordar capítulos anteriores; me parece que así debe operar un buen libro de apoyo intelectual: permitir poner la mirada en determinadas partes y obtener respuestas puntuales. Por otro lado, respecto de la línea cronológica, los trabajos se presentan en el orden correspondiente a la cronografía de los hechos arquitectónicos de México, de tal modo que si se opta por la lectura continua puede obtenerse una visión general de lo que sucedió en la materia durante el siglo XX. Sólo tres de los escritos son inéditos, los otros siete fueron publicados en revistas de divulgación, yen dos casos como textos para catálogos de exposiciones. Asimismo era muy importante ilustrar esta visión de la historia de la arquitectura mexicana moderna con la obra de arquitectos fundamentales en la cultura mexicana y con obras representativas de los estilos y periodos tratados en esta antología, por esta razón al final del libro el lector encontrará cuarenta fotografías en total, cuatro por cada ensayo.

La mayoría de los ensayos son el resultado de investigaciones breves, en ningún caso se trata siquiera de un reporte de indagación; el proceso fue siempre partir de un tema que se me hubiera sugerido o del que yo mismo hubiera tenido la inquietud de responder algunas hipótesis para su explicación. Desde esta perspectiva, fue predominante en mi actitud como historiador dar a conocer las primeras conclusiones sobre algunos asuntos con diversos niveles de motivación; esto es, que en algunos casos se trató de volver a poner en circulación opiniones sobre arquitectos de gran solidez profesional pero escasa popularidad Juan Segura, Alberto T. Arai y Max Cetto); otra fue la manera de proceder cuando se trataron problemas histórico-culturales referidos en particular al devenir de la arquitectura (el neocolonial, el neoindígena, o el expresionismo de Mathias Goeritz). Hubo casos en los que di a conocer juicios contrarios a versiones seudooficiales y poco serias de los hechos (la exposición de Luis Barragán en el Museo Tamayo, en 1986), así como también hay por lo menos una visión crítica del tema arquitectónico a lo largo de un periodo amplio, para lo cual traté de actuar con el mayor rigor profesional, observando todos los acontecimientos que intervinieron en el asunto y tratando de formular conclusiones (es el caso de "Veinte años de arquitectura ... "); también se presenta un hecho opuesto ("Teodoro González de León ... ") en tanto que la observación se hizo sobre una persona en particular y no de un complejo de interacciones. Reconozco un gran peligro posterior, en el posible género que analiza una parte de la personalidad de un individuo, dado que al no ser un estudio biográfico completo no se tienen a la mano todos los elementos de juicio para conocer el porqué de las cosas, pudiéndose caer en conclusiones hiperbólicas. Por último, existen eventos en los que he asumido algunas consideraciones de la historiografía del arte moderno sobre "obras maestras" (la casa de Luis Barragán), donde el punto no fue desmontar el juicio que expresaba la calidad de la obra sino aceptar esa condición y tratar de revisar otros asuntos relacionados con las dudas históricas en torno a ella.

El arquitecto se ha movido siempre con la intuición del artista y la información objetiva que le da la ciencia por medio de la técnica de la construcción. Si bien es cierto que la diferenciación de actividades que trajo consigo la modernidad reciente condujo a que el arquitecto no fuera necesariamente el constructor -como sí lo fue hasta el siglo XIX-, es un hecho que a mayor comunicación y entendimiento del proceso constructivo, la intuición artística puede alcanzar planos distintos de actuación, porque la técnica domina con fórmulas a la materia y la estética del artista propone variantes en la forma de relacionarse con el mundo. Tan sólo la disección de estos dos temas, estética y ciencia (siempre, en nuestro caso, desde la tecnología edificatoria), en un sitio y en un tiempo, nos permite penetrar con mayor profundidad en el modo de ser de una sociedad. Hacer mención de tecnología de la construcción supone observar la economía, la política y las relaciones con otras sociedades. Hablar de arte implica deslindes con la religión, el pensamiento racional, la organización social, etcétera. Me parece, por otra parte, que la escala física de la arquitectura, superior a la de las otras artes, es por sí misma una circunstancia que, aun sin tomar en cuenta otros asuntos, permite a la imagen de la obra convertirse en símbolo de la cultura; así, cuando mencionamos a los mayas del pasado, la Edad Media o la revolución industrial inglesa acuden a la mente pirámides, catedrales góticas y galerías de hierro, antes que el calendario, los cantos gregorianos o las obras de Oscar Wilde, que a su vez son eventos importantes de cada una de las etapas mencionadas.

FICHA BIBLIOGRÁFICA
DE ANDA ALANIS, Enrique X. Una mirada a la arquitectura mexicana del siglo XX (diez ensayos). México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2005 (Colección Arte e Imagen) 244 p.

CONTENIDO DEL LIBRO
11 Prólogo
15 Introducción
27 La identidad nacionalista del estilo neocolonial y su persistencia en la cultura mexicana contemporánea
47 La estética de la arquitectura maya y su relación con el ideal de modernidad de la arquitectura mexicana de los años treinta
61 Tradicionalismo y modernidad en la obra de Juan Segura
73 La obra de Luis Barragán: reflexión crítica
83 La casa de Tacubaya como cruce de corrientes. Luis Barragán entre 1930 y 1950
93 Apuntes sobre la obra de Max Cetto
105 Alberto T. Arai: funcionalismo y prehispanismo
117 La arquitectura emocional
145 Teodoro González de León: una manera de ser en la arquitectura
173 Veinte años de arquitectura mexicana (1980-2000)
205 Obras arquitectónicas